jueves, 28 de mayo de 2009

RETRATO DEL GENERAL

IN ICTU OCULIS. JUAN DE VALDES LEAL


En la Iglesia de San Jorge, al saqueador y expoliador Mariscal Soult, debieron no agradarle mucho los cuadros de Valdés Leal, tampoco el espíritu de su fundador, debió ver una profecía. Hace unos años, en un paseo matinal, volví a esta Iglesia. Aquí se desvivió Miguel de Mañara por los mas desfavorecidos con su Discurso de la Verdad, “contempla a tus padres, tu mujer, tus amigos. ¡Qué silencio!. Solo se oye el gusano y la larva, la mitra y la corona preciso fue dejarlas allá...” Entre estos muros, siglos mas tarde, también moriría otro Miguel, mi abuelo materno; Miguel Peña.
Como uno intenta ser justiciero, quiso la casualidad que aquella misma tarde interviniera en un acto que se celebró en la plaza del Pumarejo en homenaje a los represaliados de la guerra civil. En el patio del viejo palacio tomé la palabra e hice una breve semblanza, hasta con su mismo tono, del responsable de las matanzas del verano de 1936, el General Gonzalo Queipo de Llano, recordé las palabras del Gobernador Civil de entonces, Varela Renduelles, sobre otra de las alimañas que merodeaban por Sevilla en aquellos sangrientos días;
Ave nocturna, de crueles garras, insaciable en su sed de sangre, gozaba revoloteando en torno, y por encima, de los que deseaba muertos para caer sobre ellos y clavarles, sin piedad, sus garras. De tantas aves de presa como anidó Sevilla, ninguna tan feroz ni que tanto placer hallara en ensangrentar sus noches.
En esta plaza permaneció un día entero expuesta al público el cadáver de Isabel Atienza, de 72 años, asesinada la noche anterior por elementos del lumpen afiliados al Requeté, el único delito de esta venerable anciana era ser madre del destacado líder obrero Saturnino Barneto, a quien, como ellos pretendían, nunca pudieron cazar, vengándose miserablemente después en sus familiares.
Al terminar el acto se me acercó la hija de Saturnino, a quien ruego me disculpe no recordar su nombre, con una gran educación y serenidad me felicitó por mis palabras, se lo agradecí sinceramente, entre bromas y veras le dije que ya el pueblo sevillano tenía desde hace siglos un retrato y un monumento del general genocida, este mañana lo acabo de ver en las postrimerías de Valdés Leal, en el imaginario infernal y tenebrista de los sevillanos.




NOTA

¿Por qué, se preguntarán algunos lectores, traigo estos temas a un blog literario?. Pues por una simple cuestión de justicia y decencia, y a mi me educaron en eso. Con toda esta misma justicia, se recuerda y se homenajea a tantas victimas del terrorismo, pero... ¿y esas tantas otras victimas que yacen en el olvido y a cuyos familiares no solo no se les reconoció sino que se les persiguió e inclusive se les asesinó?, con el agravante de que su respetables verdugos quedaron inmunes y satisfechos. Verdugos del peor terrorismo de todos, el de un Estado, el de un Régimen surgido de un sangiento golpe militar con posterior y larga dictadura. ¿Por qué se permite la apología de ese terrorismo por parte de revisionistas, propagandistas, seudohistoriadores espontáneos y aparato mediático de la derecha, con la complicidad, silencio y relativismo de muchos?. Este texto es inédito y está fechado en el año 2005, la fotografía pertenece a un acto celebrado en Sevilla el 19 de junio de 2004 por la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia. Algunos datos pertenecen al libro “Mi rebelión en Sevilla. Memoria de su gobernador rebelde” de J. Mª Varuela Renduelles, del “Discurso de la Verdad”, de Miguel de Mañara, y de “Sevilla, 1936. Del golpe militar a la guerra civil”, de Juan Ortiz. Por último, no quiero dejar pasar la ocasión para recordarle e informales a mis lectores y amigos de fuera de Sevilla que los restos del General Genocida siguen reposando con todos los honores y en lugar preferente en la Basílica de la Macarena. Esto es lo que hay.

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