LITERATURA

miércoles 18 de noviembre de 2009

MANKIEWICZ EN LA TINIEBLA



Hay una virtud esencial en toda la obra de Mankiewicz, la naturalidad de sus historias y su movimiento, hay en él una vuelta a la imagen moribunda de las grandes historias, sobre todo sabe moverse en el recuerdo. Como Sófocles y Dikens, este cineasta del análisis y del raciocinio nos oculta siempre la irrupción de la presencia que construye la intriga o la historia, el trato de construcción del espacio imaginario. Soterradamente, toda su filmografía es una crítica de los medios expresivos, de la estructura-relato objetiva.Hay una hendidura en su discurso, el juego de una identidad que se reactualiza constantemente. Su lenguaje nos emplaza en la periferia de la imagen, sus exigencias no niegan nunca las exigencias opuestas, oposición de reclamo del relato, reflexión obsesiva del pasado en el presente en la vieja aspiración de los pioneros, una necesidad vacía de hablar en una obra dominada por una firme conciencia, la visualización de un porvenir absoluto.

jueves 5 de noviembre de 2009

EL SUEÑO DEL LIBRO DE V. HOLAN




Leemos

un libro sin final,

donde el pensamiento nace,

en el aire que devuelve aire

el punto de muchas escrituras.

He llenado la oscuridad de preguntas,

de refugio de palabras

en la noche de la muerte de los otros.

He recogido

la subversión de páginas,

el sueño del libro.

Ahora,

fuera del tiempo,

devuelvo el signo

al fuego de la antigua ausencia,

salvado y destruido.

sábado 24 de octubre de 2009

BAJO LA LUZ DE H. FREINET




la hondura de tu escucha

es el silencio del hombre,



abre y vive la promesa,

siempre la deriva;

dar a luz sombra de sí,

morada del vacío, claridad de la tiniebla,

caer

en lo humano,

en la marca del tiempo.



Detrás de cada huella

ni principio ni comienzo,

agregamos nuestra sed

al amor perdido pero no abandonado.



También tu escucha

es el temblor de la noche,

la quebrada intensidad

donde lo abierto se retiene,



inicio,

umbral del encuentro.

martes 13 de octubre de 2009

LA PALABRA LLAMADA



Olga Bernad
Caricias perplejas
Siltolá


Para quien se esfuerce (estas poesías lo merecen y consiguen) en leer con un ánimo justo este primer libro de poemas de Olga Bernad, debe considerar como su núcleo una afirmación de contrarios, la voz de no estar sola y admitir las verdades de los espacios opuestos, mesurada y entregada, escritura que es un propósito para formarse, para buscarse, completamente extraños a su movimiento. Estamos pues ante una obra que enlaza con la línea que Broch remitía a toda la paradoja de la comunicación, la que establece las relaciones en su imposibilidad y su amplio alcance, lo que nos une lo que nos separa, un fuerte simbolismo de intercambio, pasión que lleva la diferencia. En el narrar de su verso cuida el aspecto de no sobrepasar los límites de su sitio, fórmulas justas y no obstinadas y definitivas, a veces su irrectitud abre en su lenguaje otro poder, tiende en lo neutro a suspender la función atributiva de los poemas, como si fuera una metáfora venerable. Este intenso libro poético tiene la andadura versal que al leerlo nos conviene, sin permitirse estar en un todo acabado, sin exceso de declaración, con la frecuencia de un oficio apasionado, con la palabra llamada.




Mi querida amiga Olga Bernad mantiene también un hermoso e interesante blog, “Caricias Perplejas”, donde nos va entregando a amigos y lectores su generosidad y talento.

lunes 5 de octubre de 2009

EL SUJETO Y LO SINIESTRO: EL CAPITALISMO COGNITIVO


Por Francisco Garrido


Si cruza delante de un espejo, tenga cuidado, puede que vea en el cristal reflejado el rostro de su asesino. O al menos tiene un 50% de posibilidades de que el rostro familiar que aparece en el espejo sea quien le de muerte. Eso es lo que se deduce de los datos de un reciente informe de la OMS sobre las causas de muertes violentas en el mundo (http://www.who.int/violence) Según el organismo internacional, más del cincuenta por ciento de las muertes violentas ( 1,6 millones al año) son suicidios , un 35 % agresiones y solo un 11% son debido a las guerras. Nos matamos mucho más que nos matan. Cada uno de nosotros es mucho más peligroso para sí mismo que el Pentágono, los fundamentalistas, el cartel de Medellín o los asesinos en serie. Con estos datos en la mano deberíamos revisar seriamente todo nuestro sistema de seguridad. Menudo problema: ¡protegernos de nosotros mismos¡.
Olvídense pues de tener miedo a los callejones oscuros, a los campos de batalla, a los barrios sin ley, a los cementerios; miedo, lo que se dice miedo, ante los espejos, en la soledad de la habitación solos… En fin, miedo, ante la presencia inquietante de de nuestro yo solitario. Por eso, feliz y bienaventurados aquellos que no se encuentran nunca. Aviso: por favor, aquellos otros que todavía se están buscando que cesen el dispositivo, mejor así, no sea que se encuentren con el 52 % suicida.
La ironía no debe hacernos olvidar la gravedad que transmiten estos datos. En una sociedad del aislamiento, de la privatización , donde no hay otra cosa que “yo” y el “yo” también es una cosa: ¿A quién se puede asesinar sino a la única cosa que hay y que no es otro que la cosa misma que soy “yo”?. Hay un capitalismo cognitivo que comenzó con el interiorismo subjetivista de San Ignacio, mucho más importante en el nacimiento de la no-ética capitalista que el escriturismo de Lutero, y que ha devenido en este individuo consumidor de mercancías cuya mercancía fundamental es la subjetividad del individuo mismo.
El nihilismo de los suicidas opera como una trágica metáfora del suicidio colectivo que nos anuncia la crisis ecológica. Y al igual que la advertencia suicida, debemos reconocer que en la devastación ambiental , somos nosotros y nuestra forma de vida nuestra principal amenaza. La ruptura con el capitalismo (consumismo) cognitivo implica una estrategia de nueva alianza con la realidad. La apertura hacia los otros (lo social) y hacia lo otro (la animalidad y la naturaleza), hacia el devenir (lo que fue y lo que será) hacia los próximos y hacia los lejanos, hacia la tierra entendida esta como el planeta y como el suelo que pisamos.
“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” decía Spinoza. Volver al cuerpo, a las cosas, a los otros, al nosotros, a la diferencia y al reconocimiento. Olvidar la imagen, la copia, el espíritu y tantos otros fantasmas del dinero y la mercancia. Esto implica retomar la lógica del límite pues no hay nada material que no tenga límites. El delirio del crecimiento infinito, de la demanda agregada insaciable, del alma inmortal o del Dios omnipotente , no tiene límites. Pero el cuerpo, la sociedad, la vida, la realidad. sí.
Freud usó el termino alemán “unheimlich” para designar lo siniestro. Este término es el antónimo de “heimlich”. Aquello es al mismo tiempo familiar, íntimo, amable; pero también lo secreto, lo oculto, lo impenetrable. El nihilismo del “yo” individualista y atomizado es la viva imagen de lo siniestro de la cultura capitalista del consumo. El nihilismo suicida es el acto de manifestación de lo siniestro del sujeto consumista y solipsista. Detrás de las luces de neón de la publicidad, del brillo de la imagen, del sexo congelado en la pantalla líquida aparece lo siniestro: el “yo” aislado y autodestructivo.
La tensión esencial entre principio del placer y principio de realidad, que nuestra especie ha anudado, por medio de un complejo equilibrio cultural, ha sido rota por el capitalismo cognitivo; solo queda el principio del placer. Para la subjetividad consumista no hay principio de realidad. Cuando Neil Postman escribió aquello de “divertirse hasta morir”, en su libro sobre la televisión y el “show business”, describió la hoja de ruta que cumple miméticamente el suicida
El capitalismo cognitivo nos ha enseñado sólo a vernos y a sentirnos al proyectarnos sobre las cosas manufacturadas como mercancías. El hastío y el absurdo amenazan esta forma compulsiva de antropofagia reflexiva. El yo amputado de la animalidad y de la sociabilidad queda a merced de la compulsión, de la pasividad o de la violencia . El hastío de una vida fuera de la vida (naturaleza) y el absurdo de un forma de ser (aislado) fuera de nuestra forma de ser (social) marcan el protocolo cognitivo que conduce a que ese rostro familiar ( siniestro) que nos mira desde el espejo , nos asesine.


Francisco Garrido es Doctor en Filosofía. Profesor de la Universidad de Jaen (Departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política) y Ex-Diputado por Sevilla en el Parlamento Español.

Articulo publicado en Parelelo 36. Lunes, 4 de Octubre de 2009

jueves 1 de octubre de 2009

UN CAMINO



Hace muchos años que B. Brecht dejó dispuesto un libro en la noche, un libro de habla de fragmento. Libro que rechaza toda exégesis y certidumbre, de una lectura ignorante, un desaparecer por las afueras para volver al centro. Brecht soñó un camino, ahora les dejo estos versos.




Con los labios abiertos

en la noche escondida,

la tierra tiene nuestra voz.

Lo sagrado está protegido e innombrable

bajo un sueño o una alianza,

testigo y contrapunto de un infinito,

pues toda creación es borradura,

desaparición de un vocablo.

Sobrevive el tiempo,

la materia de tu espíritu

en el misterio del camino.

A ti te llamo,

voz extranjera en la ciudad del sol,

la ciudad que encarna el sentido,

la ley secreta,

la semejanza o el milagro

de la voz de la tierra y sus confines.

domingo 27 de septiembre de 2009

LA FLOR CAIDA

Coullaut Valera. Monumento a Gustavo Adolfo Bécquer. Parque de María Luisa. Sevilla


Quizás Richard Harris, antes de caer fulminado y feliz en la catedral, en sus paseos solitarios por las calles de Sevilla visitó el monumento a Bécquer. Sabemos que Hugth Walpole bien pudo dejar escrito una tarde estos breves versos; Ninguna luz en las palabras, / desierta lejanía de los viejos nombres. / No vendremos a recitar ahora como los que se marcharon, / nos dice la noche el fin de los caminos. La ciudad meridional distrae al extranjero, al sesentón que siente latir nuevamente la vida como hacía muchos años no lo sentía. Richard, por quien sus hermanas se desvelan y preocupan, es un hombre distinto que se llena de luz y olores desconocidos hasta entonces. Es un niño que ha escapado y recorre con entusiasmo un itinerario que le fascina. Walpole, que tan bien heredó ese romanticismo, se dice y nos dice frente al ciprés que se está muriendo siempre, que la realidad parece que nunca se presentara. Dejará a Harris, feliz con su milagro, sin inventarse un corazón, en el sueño y realidad de una mujer imposible.