miércoles, 23 de marzo de 2011

CAMINOS DE TU MANO

Primavera y sanalotó en la Alameda

Su mano de niño  y su mano de hombre al borde de unas hojas, en la cercanía de la voz. En la única noche interrumpe su voz el alba. Caminando una mendiga apaga la tierra. En las calles, en la misma noche, unos pasos entierran el humo, su pasión viva. Cae el viento, fuera de ti los ojos. En las viejas azoteas, contra cal y el sol, la sombra de unos párpados. No te ciegues en las palabras que durmieron, aun eres huésped de un calendario.

miércoles, 16 de marzo de 2011

BECKETT, A VISTA DE PAJARO


Por Efi Cubero

La boca de la actriz dicta silencios, la cámara persigue contraplanos, incomunicaciones, algún mudo de cine que de repente habla, un poema de Yeats desdibujado, una composición del gran Beethoven que acentúa soledades. A veces nos fascina, a veces rechazamos sus silencios, nos incomoda a veces... Nos hace pensar siempre. Logra que nos sintamos espiados como si una gigantesca cárcel repleta de señuelos nos devolviera imágenes de otros seres errantes que buscan la salida lo mismo que nosotros, espectadores de nosotros mismos.
Lo contemplamos en sus fotografías —y aun en sus propias obras— con un punto de duda...
¿Es un gran impostor o es un atormentado?
Nadie busca a Godot por más que aguarde. Nadie conoce a Beckett.
Sobrio, sobre una esquina de un cuadrado blanco con el negro de fondo, y él vestido de negro, Beckett ha sido captado en el plató de Quadrat 1+2 en Stugartt. Parece un personaje de cualquiera de sus obras, un elemento aislado o un actor secundario que en un momento dado puede absorber la trama y convertirse en centro, o quizás nos recuerde en su estática pose a una pieza de ajedrez, juego al que tan aficionado era.
El caso es que al autor irlandés no hay por dónde atraparlo.
En el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAARS), en La Cartuja de Sevilla, podremos ver hasta finales de marzo una interesante exposición: “Beckett Films”; la muestra, comisariada por Javier Montes y Yara Sonseca, agrupa la producción audiovisual del escritor Samuel Beckett y en ella pueden contemplarse teatro filmado, cine, obras para radio y televisión e incluso la adaptación para la BBC de Not I, supervisada personalmente por el escritor protagonizada por su actriz predilecta, Billie Whitelaw, entre otras obras. Los viejos e históricos muros de La Cartuja de Sevilla cobran así una extraña y distinta dimensión. Por entre los nobles sepulcros de los Ribera las complejas redes del mundo beckettiano cumplen allí, más que nunca, su función abolida de extrañamiento y fuga.
Cada vez que frecuento a este creador, me acuerdo de una frase que Ionesco, otro espléndido “raro”, anotó en su diario: “Sufro por vivir. Desear tanto vivir es una neurosis; me adhiero a mi neurosis, me he acostumbrado ya a ella, amo mi neurosis. No quiero curarme”.
Suspendido en medio de la nada por el vaivén del tiempo, Beckett percibe la angustia del sentirse observado desde cualquier ángulo y por cualquier objeto. “Acción, percepción, afección” de este escritor escrutador de todo, quien pese a tener una familia capaz de proporcionarle infinidad de privilegios, afirmó de su niñez perpetuamente bañada en lágrimas: “Yo tenía escaso talento para la felicidad”.
Observamos ese perfil agudo, la mirada del pájaro acechante y esquivo sobre el medio sin fin del escenario, como una huidiza sombra que se busca entre sus personajes de artificio. Lo vemos actuar a través de sus ecos en la voz del actor que se desdobla en múltiples autores, siempre incomunicado, siempre alerta, vagando por la sobriedad del fondo entrecruzadamente sin llegar a encontrarse.
Como el Moisés de Miguel Ángel no sabemos si estallará de ira o en una carcajada lúcidamente amarga.
Muchas pistas pueden rastrearse en tan extensa biografía; sabemos que siguió con entusiasmo las innovadoras propuestas de Pirandello (ah, qué clave la de los personajes buscando al autor...), también de su entusiasmo por el cine cómico y sus artistas más representativos: Charlot, Buster Keaton... De su fascinación por los hermanos Marx, y sobre todo de esa admiración constante hacia su paisano Joyce, que le llevó a cortejar a su hija, Lucía Joyce, para poder estar cerca del que consideraba un gran maestro.
Sólo suposiciones o tal vez intuiciones, Beckett se nos escapa bajo una subversiva mirada que también es la del otro yo que lo interpela mientras logra transgredir esos espacios del cuerpo y de la mente entre significativos silencios. La obra de Beckett es como un gran interrogante que jamás se cierra haciendo cómplices y partícipes a los espectadores, tan perplejos y desasosegados como el propio escritor. Tácticas de desmarcamientos, de huidas o de exilios, o de enmascaramientos sobre las hondas capas de yoes sucesivos como esas matruskas que se van integrando una tras otra hasta casi desintegrarse. Podemos inventarnos o interpretar ese mundo complejo mediante las hipótesis y las ausencias frente a la omisión deliberada del personaje principal, sea Godot o Samuel o el propio espacio que se nos muestra ambiguo donde se desorientan los deseos. El caso es que los entresijos de esta personalidad tan de filos y límites transgresores, nos inquietan y nos hace trastabillar, nos sacuden el polvo de algunos planteamientos asumidos, nos intrigan. A veces la rechazamos y otras veces la amamos, lo que nunca discutiremos es la calidad de una obra que fue merecedora en 1969 del Premio Nobel de Literatura, y tampoco, lo que jamás se pondrá en duda, es la originalidad de una mirada que encara al mundo y a la vez le da la espalda, que encuentra nuevas vías a la vez que se busca entre los laberintos del silencio, que esculpe las imágenes con palabras y sin ellas, que nos reinventa como si fuéramos actores de su propia compañía al tiempo que hace mutis por el foro del Tiempo.

Publicado en Letralia. 07/03/11

lunes, 14 de marzo de 2011

UN VIEJO PUÑAL COFRADE

José Luis Garrido Bustamante
Editorial Guadalturia.


Intrigas, delitos y acechanzas en el marco de las cofradías sevillanas del XVIII, dentro de  una  trama que podría desarrollarse en nuestros días. Un viejo puñal cofrade no es una novela de personajes, sino de situaciones, escrita con un ritmo y vivacidad, muy de guiones de televisión, que prenden al lector desde el primer capítulo hasta su sorprendente final.



Su argumento se sitúa en la Sevilla del Siglo XVIII en la Ciudad de la Giralda con la sociedad de entonces rendida a la monarquía borbónica que acaba de instaurarse y al poder eclesiástico unido a ella, en la que, antes de recibir el impulso racionalista de “el siglo de las luces”, las cofradías se consagran al lento proceso de su configuración.
Un conocido cofrade que presencia con disgusto la relajación de las costumbres en el Via Crucis a la Cruz del Campo es apuñalado mortalmente por un penitente encapuchado que huye. Un tiempo dispar en el que también se delata ese difuso enemigo de la Semana Santa que, desde entonces, tiende a estar en algunos templos o en las casas donde residen las hermandades con el enfrentamiento visceral entre grupúsculos y los manejos de los que se la toman como una afición para rellenar las horas muertas del ocio.
Todo discurre tres siglos atrás, pero podría suceder hoy mismo
En la novela se contraponen dos ejemplos: el de un grupúsculo de la junta de gobierno de una hermandad imaginaria, observante de novenas y procesiones que, paradójicamente, entretiene sus ocios en la crítica y los manejos sucios de la corporación y el de una señora de doble vida, maestra en la simulación y el engaño que, sin embargo,  acude de vez en cuando arrepentida a misa de alba, es pródiga en limosnas, atiende voluntariamente a los acogidos en hospicios y hospitales y hasta un día le sale del alma una saeta.



EL BLOG DE GARRIDO BUSTAMANTE


PRESENTACIÓN:  Martes, 15 de Marzo. Hora: 20:30
Sala de Actos Fundación Cruzcampo. 

sábado, 12 de marzo de 2011

IMAGENES Y MITOS EN LA PINTURA ANDALUZA.

Viejo bandolero. Robert Kemm. En esta colección.


COLECCION BELLVER

MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA

La caída de Murillo. Cabral Bejarano. En esta colección.

jueves, 3 de marzo de 2011

CON LABIOS FRIOS


Barbara Kruger

Extraña, preguntaba a la noche, a su desnudo misterio, en aquel ámbito de comienzo de otro verano. Mientras imperturbables pasaban, cansadas, las llamas de los sueños, las limpias letras de su sangre. Allí estaba, tan bella que hacía llorar, bebía y bebía, el deseo aguardaba sus pasos por los charcos de la orilla. Escapamos hacia una bodega encalada, solitaria y parral. Miré el rostro de los ancianos a la luz de la manzanilla, me vi anciano en el calor de su mano. En los arrecifes que la noche oculta al mar la desolada lucidez de sus palabras, temblor de pasión solitaria, mirándome ahora con los ojos cerrados de un viejo cascarrabias.

martes, 1 de marzo de 2011

LAS CUENTAS DE LOS BARES



La mañana es azul y restallante, paseo, me encuentro a un viejo amigo, charlamos de otro tiempo, temas sustanciales, algunas zonas de la ciudad  se parecen cada vez más a un parque temático para turistas sevillanos, me dice. La prensa anuncia el fallecimiento de Amparo Muñoz, descanse en paz esta hermosa y noble andaluza, la despreciable carroña, si no lo impedimos, esperará su tiempo para continuar. Seguimos divagando sobre esto y lo otro, le cuento una historia, se entristece, ficción amigo, tú lo conociste. A otro asunto, me habla de la musicalmente malograda Viola Wilss, de cuanto él trabajaba en una discoteca de la costa, no sé, esta mañana me dió por pensar en eso, pero le digo que eso está en otro libro, alguien pasa y me saluda. Soy muy variado a toda la música, todas me interesan, con sus tiempos. Como echando las cuentas de los bares le escribo y le recuerdo, tú lo conociste bien.  Está el niño con su libro, tendrá siete años, precoz en la lectura, la alta tarima y la inmensa clase. Vamos a poner aplausos. Conoce bien la calles y las azoteas, como muy vivo. Después ayuda a sus compañeros mas rezagados,  pronto el rezagado lleva sotana y es clérigo necio. Para entrar en Babia hay que estar muy vivo, para mirar pasar las nubes, sin pastor ni rebaño. Un día llego un misionero de tierras lejanas -Edmundo era su nombre-y preguntó por el mundo y el hombre; -un animal racional- contestó el gitanillo. El maestro clérigo entró en cólera por salirse del texto, a Edmundo le encantó la respuesta rápida de aquel pequeño. El clérigo necio llevaba  entre los nudillos una llave antigua con la cual golpeaba en la cabeza de los últimos, como era clérigo necio y el niño vivo, cayó con estrépito. Vamos a poner la risa de los últimos.El rebaño le puso calle y busto. El que te quitó la llave sigue vivo, en Babia y niño, con esa –allí está San Pedro- no hubieras entrado en el Paraíso. La mañana es azul,  silbo una canción del maestro Barry White y recuerdo a Viola Wills

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