lunes, 31 de mayo de 2010

ALBERTO GARCIA ULECIA. IMAGEN DEL CANTE.





LA POESÍA DE ALBERTO GARCIA ULECIA


Por Fernando Ortiz


Alberto García Ulecia (nacido en Morón de la Frontera, Sevilla, el 31 de Diciembre de 1932 y fallecido en Sevilla, el 20 de Octubre de 2003) era persona entrañable para todos los que tuvimos el privilegio de tratarlo y, sin duda, un auténtico poeta. Un hondo y claro poeta de la estirpe de don Antonio Machado de quien hizo una excelente antología. Por cierto que en el prólogo a esa antología parece retratarse a sí mismo cuando alaba de Machado “la precisión, la claridad y la emoción”. Y dice de la persona “Era un sevillano de gracia fina, inteligente, delicada. Hemos conocidos a algunos así. Son cordiales sin aspavientos y simpáticos sin hipérbole. A veces los delata una sonrisa algo triste, burlona y melancólica (…). En el fondo, sin embargo, la sangre jacobina de don Antonio, su austeridad, su eticidad, su independencia de criterio, el orgullo de su modestia, le dotaban, sin duda, de una extraordinaria energía interior”.
Siendo como era uno de los poetas mas destacados de su generación, pagó el precio de su independencia que siempre es el aislamiento y la soledad. Catedrático de Historia del Derecho, prestigioso especialista en foros mediavales, aficionado al flamenco desde su niñez –y a esa afición suya central en su vida le dedicó poemas y ensayos-, nunca hizo lo que se suele llamar “vida literaria” y tenía mas amigos entre los pintores y artistas plásticos (las artes plásticas fueron otro motivo importante en su poesía) que entre los escritores y poetas. El mismo dice en el prólogo de uno de sus libros que describe en sus versos el paisaje “casi con la misma técnica que un pintor paisajista”. La naturaleza está omnipresente en su poesía, tanto la marina como la de tierra adentro. En el movimiento de las aguas marinas ve el ciclo de la vida: un continuo pasar y permanecer. Símbolo, pues, del fluir del tiempo. El problema del tiempo “sentido siempre como transcurso doloroso” es el eje de su obra poética. Palabras como “nostalgia” o “memoria” son recurrentes en sus versos.
La poesía de Ulecia puede dividirse en tres etapas. La primera de iniciación, a veces gongorina, a veces neopopularista (A plena sombra, Torofuente, Alas y olas), en la que se ensayan prácticamente todos los metros que se darán en las posteriores. En ella es muy visible la huella de los maestros (Juan Ramón, los Machado, Rubén, Lorca, Villalón, Neruda). Una segunda, de transición (Universidad, A flor de tierra y Voz litoral) en la que se emplean ya todos los procedimientos característicos de la tercera (violación de las reglas selectivas o reglas de iniciación léxica y muy especialmente la coordinación, mediante la conjunción copulativa “y” de realidades pertenecientes a órdenes diferentes, juegos con los diversos usos de una misma palabra, lo que se conoce como “antanaclasis”.
Destaquemos el carácter dionisiaco de la mayor parte de los poemas de A flor de tierra (con Neruda al fondo, pero un Neruda más personalizado que el de su primera época). Pero es a partir de Jazmines póstumos, donde comienza la poesía mas intensa y profunda de Ulecia. Poesía elegiaca y también meditativa, de un cierto panteísmo pagano. En sus últimos años Alberto tradujo a Holderlin y viajó a Tubingen, para impregnarse más y mejor del poeta suabo, “lo más alto que la poesía puede depararnos, según Cernuda”. Pienso en los versos finales de Alberto, y me viene a la memoria sin quererlo un poema titulado “Un clásico”: “En sus versos palpita, como el alma / en las graciosas formas de un dios griego, / la sapiencia paciente y luminosa / del que asumió sereno su destino / y anduvo y ando y amó/ adquiriendo dulzura y fortaleza”. Poesía honda, clara, emocionante, exacta.





1. Presentación de Alberto García Ulecia por Fernando Ortiz


video


2. Lectura de poemas por Alberto García Ulecia. Imagen del Cante. (Guadaira. Elegía cordobesa de 1957)


video

3. Lectura de poemas por Alberto García Ulecia. Imagen del Cante. (Cádiz pasa. Junto al río Espartero. Granada. Yo le pregunté al pinar)


video

4. Lectura de poemas por Alberto García Ulecia. Imagen del Cante. (Vieja diva. Pastora Imperio)

video

Texto: Prologo al libro “En recuerdo de Alberto García Ulecia”, por Fernando Ortiz. Junta de Andalucia. Centro Andaluz de las Letras. 2004
Video: Lectura poética de Alberto García Ulecia en el salón rojo del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda el 22 de Junio de 2001. Archivo de Fernando Ortiz
.

martes, 25 de mayo de 2010

SUS OJOS PARA CUMPLIRSE




Desvío y retorno.
La angustia de la forma y no de la significación nos parece que es la misma literatura, un recorrido con palabras inciertas, las que se liberan, las que se despliegan.
El compromiso debe de ser con lenguajes desconocidos, el arte puede ser un glorioso vacío.
Un lenguaje mas puro es un lenguaje mas borrado.

Me acompaña E. J. y añade;

Creo. Escribo; ¿pero cree el libro en mí?
Ah, obrar de manera que los vocablos crean en uno. Dar garantías.


La ilegibilidad de lo legible es, quizá, el extremo de la transparencia.




He mirado

las manos y sus signos,

la luz

que desnuda el sueño

de los muertos y sus rosas.

Se hacen las palabras

en los cristales del verano,

el mar es su memoria.

miércoles, 12 de mayo de 2010

SALINGER Y EL CONSUL DE SODOMA, LAS PARADOJAS DEL ESPECTACULO



Por Francisco Garrido

Ha muerto Salinger, la última entrevista que concedió por teléfono al New York Times se tituló: “Salinger habla de su silencio”. Y los periódicos hablan a su muerte de que no hablaba. Y las televisiones hablan de su vida mucho más que de su obra. Hay autores a los que su exhibicionismo personal acaba ocultando su obra. Y hay otros, como Salinger, en los que la ocultación de la persona termina ocultando la obra. Unos por exceso y otros por defecto, ambos consiguen el mismo resultado: desplazar la obra a un segundo plano.
No sabemos si lo suyo fue una magnífica estrategia de marketing o si de verdad, Salinger, odiaba sinceramente la intimografía mediática. Como creo que nunca hay motivos para pensar mal a priori (hay que tener pruebas para pensar mal, no para pensar bien) creo que su aislamiento feroz era honesto. En esa foto, mil veces publicada, donde amenaza con el puño a un intruso fotógrafo, no parece que este fingiendo. Su obra también avala la coherencia de su conducta. Salinger anhelaba que el autor se disolviera en la obra (lo contrario que ocurre ahora). Como Ulises, quizás nos gritaba aquello de “mi nombre es nadie”. Salinger no era un escritor filisteo, no escribiría para… escribía para escribir. Y esa pureza de raza literaria no es fácil de comprender en este reino filisteo de la técnica y la mercancía.
A diferencia del Bartleby de Melville, y contra lo que ha escrito Vila-Matas, no pretendía desaparecer, sino huir, era un fugitivo del espectáculo. Paradójicamente, esta huída, tan escandalosa, se ha convertido en el mayor de los espectáculos. ¿Qué hacer entonces? ¿Si el deseo de anonimato ensombrece a la obra, si la fuga del escaparate te eleva a las pantallas? ¿No hay ningún lugar fuera de la sociedad del espectáculo?. Nos queda, eso sí, la enorme dignidad de ese puño levantado y amenazante de Salinger a la salida del supermercado..¿Pero nada más?.
La sociedad del espectáculo es el sistema de dominación más evolutivamente perfeccionado que hemos conocido. No se ha inventado la realidad (como hicieron otros sistemas de dominación) la ha asesinado. Frente a la sociedad del espectáculo no caben estrategias basadas en las guerra de posiciones tradicional (como la que desarrolló Salinger). Es un sistema que no ocupa el espacio sino el tiempo, y de esta forma no deja lugar alguno para el “afuera”. Nadie puede fugarse de una cárcel sin muros, ni exiliarse de un país sin fronteras
Hamlet, como en tantas cosas, nos da una vista cuando dice: “En el espectáculo, Horacio, atraparemos la conciencia del rey”. La conciencia de la doble traición, del asesinato impune, es desvelada por el fantasma y por la ficción. Tal vez la única estrategia sea que la obra hable por medio de la vida, que la realidad resucite por medio de su fantasma, que la forma de la ficción nos desvele la ficción de la forma. Esa es la estrategia del príncipe melancólico de Dinamarca, la que se opone a la respuesta frontal de Horacio, una estrategia sutil: contra la mentira la ficción, contra el fantasma la forma.
Una película reciente sobre el poeta Jaime Gil de Biedma ha sido muy criticada por confundir vida y obra. Es decir, por elegir la estrategia de Hamlet. El Cónsul de Sodoma, que así se titula la película, es un relato en el que la vida del poeta es su obra y la obra del poeta es vivida. Nada hubiese gustado más a Gil de Biedma. Ninguna privacidad que defender con puños amenazantes. Ningún peligro de que el autor tape a la obra. Gil de Biedma es el antiSalinger. De él no nos quedara el gesto malhumorado y amenazante, sino esa bellísima sonrisa del último plano de la película. Tan bella y seductora que hace que nadie se levante de su asientos hasta que aparecen los títulos de crédito.
Foucault dijo que el reto de la autenticidad del futuro seria “convertir la vida en una obra de arte”. Las vanguardias clamaron contra la separación. Gil de Biedma habló de “la poesía de la experiencia”. El resultado en esta batalla contra el espectáculo, y al día de hoy en que escribo, es claro: Gil de Biedma 3 Salinger 0. La estrategia de Hamlet, esa es la estrategia.

Publicado en Paralelo 36.
31 de Enero de 2010

lunes, 10 de mayo de 2010

EN EL FIN DE LA NOCHE




Por esas calles de Meudon, donde estuve hace muchos años, la sombra de Céline continuaba, era una sombra que aun podía acoger unas palabras de Victor Hugo; en literatura, el medio mas seguro para tener razón es estar muerto. De vuelta en Grenoble, paseando en compañía de mi amigo Jean Ancient, adquirí en una vieja librería un ejemplar de “Voyage au bout de la nuit”, contra la advertencia de mi amigo que no estaba dispuesto a ayudarme en mi débil francés con aquello. Esa misma noche perdí el libro, supongo que olvidado en algún lugar. Aunque a muchos les pueda sorprender, Céline es autor que parte de formas preliterarias, como la narración de leyendas, representa el espacio más extremo de una configuración lingüística que aparta la comunicación de contenidos dando preferencia a su misma ejecución. A mi me gusta estar siempre acompañado de las sombras amigas, y vuelvo a unas palabras de Flaubert “para describir un fuego llameante y un árbol en una llanura, permanezcamos ante ese fuego y ese árbol hasta que no se parezcan, no se nos parezcan, a ningún otro árbol y a ningún otro fuego”. Celine habría dado la razón a mi amigo Jean y a nuestro admirado A. Camus; si escribes claro tendrás lectores; si escribes oscuro tendrás comentaristas y discípulos.

miércoles, 5 de mayo de 2010

LOS ULTIMOS DE SAN CRISTOBAL





Durante el año en que el Estado español me tuvo encarcelado en Aizoáin (Navarra) (para ellos servicio militar), me propuse colgarme cuatro medallas como deber moral y burla hacia sus honores. No hacerme un idiota y ayudar piadosamente a los demás a no serlo (fin último de aquello y de algunos desgraciados), leer, escribir y ser el primero en salir del cuartel. Me colgué las cuatro medallas. Durante aquel largo año solía marchar a Grenoble, por sus calles y por los Alpes disfrutaba de mi escasa libertad con la hermosa compañía, entre otras, de toda la gran literatura francesa. Como yo me limitaba a leer, escribir y a hacer escalada con el grupo de montaña en la Sierra de Aláiz y los Alpes, les debí parecer un tipo raro. Una noche, atrapados bajo una tormenta de nieve en el corazón de los Alpes y pese a nuestra advertencia a los mandos militares españoles de lo que era una escalada sin retorno, nos dejaron olvidados, ya sabía de la montaña y su terrible locura, pero aquello fue a peor al rescatar a un soldado con la razón perdida disparando en la oscuridad. Como tenían que cargar su ineptitud, torpeza y mala conciencia contra alguien, fueron contra nosotros. Al soldado, en lugar de al hospital, lo metieron en una granja cercana con ovejas, a mí y a otros dos compañeros, al Fuerte de San Cristóbal. Durante un mes permanecimos solos en aquella siniestra y ruinosa fortaleza, recordando, entonces para las autoridades militares, chismes y exageraciones, la terribles matanzas que los golpistas realizaron en 1938 y de las que estaba al corriente por mis amigos navarros, yo relía las cartas de mi Padre, aprendiendo, como Cervantes, a tener paciencia en la adversidad y sentía con Dostoyevski sus entrañables noches blancas. Amigos militares franceses de la brigada alpina no daban crédito a la conducta de los militares españoles. Un mediodía radiante, bajo el monte Ezcaba, fui el primero en cruzar la puerta del cuartel y abrazar mi libertad, arriba quedaba la derruida fortaleza, atrás la mesa y mantel preparados como invitación de despedida de aquella patética caverna de carceleros con su patria y sus majaderías.

Blogger templates