sábado, 26 de junio de 2010

ULTIMA TARDE EN VILLA LUZ




Del mar, ¿no lo recuerdas?,
nos viene a veces ese terror de vivir.

Saint-John Perse


Por la ventana la costa se oscurece, sus espejos ya no te reflejan. Con un terror silencioso, las máscaras y los signos de la noche son huecos en la arena de la infancia. Las olas y los años te hunden y te borran en un absurdo destino, en la visita de memoria y muertos. Palabras que el tiempo entrega derrotadas a una pasión solitaria.


Agosto, 2001

lunes, 14 de junio de 2010

MESTEOW CALLA





Primer tiempo.

Lectura de Jacques Lacan.

Desahuciado de la historia poetizas el tiempo,

tensa el momento, imagina la oscilación del péndulo.

Espacio interior, extraño sujeto,

sin réplica las voces se agotan.

¿Primer tiempo?.

La metáfora no viene a llenar un lugar vacante.

-Diacronia de generaciones.

-Fijación de lo obsesivo.

-La fecha es ilegible, otro fechado.

domingo, 6 de junio de 2010

EL ESPEJO DEL MAR


Mi amigo Alberto Sánchez me envía este breve documento visual y musical que quiero compartir con todos, trata sobre la película “El fantasma y la señora Muir”, del gran J. Leo Manquiewicz. Mi recomendación incansable para que vean, los que aun no lo hayan hecho, esta obra maestra, una de las mejores de toda la historia del cine -para la crítica acomodaticia con su superchería de los ranquing y listas no era así hace apenas veinte años-.Un lector, de veneraciones y no de pasiones, molesto y con tono airado me escribía y criticaba el encubrimiento de las claves de la obra del director en las cuatro líneas que le dediqué en este blog. Manquiewicz nos dejó, entre otras cosas, una hermosa reivindicación del deseo y su fuerza transgesora y, sobre todo, su dramaturgia del guión clara y transparente de pura vida.




viernes, 4 de junio de 2010

AQUELLA PROMESA DE VIDA DE TU CORAZON



Para Gisela


Estaba al lado de una blanca y luminosa reproducción de la Venus del Nilo. El año era 1976 y el lugar el patio de la escuela de Artes de Sevilla. Era morena y casi siempre estaba sola. Yo tenía 14 años y la veía muchas mañanas en aquel patio. En la clase de historia del arte ya había olvidado a Venus y solo pensaba en Gisela, aquella niña brasileña. Gisela era familia de Elis Regina, muy orgullosa me enseñaba sus fotos y cantaba sus canciones. No voy a hacer ahora una reseña a la obra de Elis, de gran influencia y fama, a la cual dediqué en su momento un amplio trabajo en el contexto de la extraordinaria música popular brasileña. Hace unos días un viejo amigo me confirmó el fallecimiento de Gisela, enseguida me vino a la memoria aquel hermoso dictado de Holderlin; "las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu, sino chocaran con el destino, esa vieja roca muda".


Junio 2010



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