jueves, 10 de septiembre de 2009

JUAN CARLOS ONETTI Y SU SILENCIO



Me lo explico mejor al releer sus cuentos, de entre los escritores que debemos dejar que lleguen a nosotros con todo el despliegue de su inocencia está Onetti, de ahí su precariedad y fuerza dolorosa. Tiene una voz interrogada y soportada, de palabra inscrita con la que se sueña, de peso y fatiga de narración. Existe en toda la obra de Onetti un especial deseo de pérdida, un ocultamiento de la unidad y una retención vivida frente al misterio. En las distintas fases de sus desarrollos y movimientos su voz no se identifica ya con su poder, de ahí esa certeza que tenemos de encontrarnos ante un autor, con señaló Vargas Llosa, de una integridad y honestidad totales. La obsesiva retórica que se le señaló reiteradamente nos muestran una escritura doble, repetidos puntos de vista que intercala sumido en el desconcierto. La espera que lo retiene es la segunda vez de una misma habla, nos trasmite el asidero de palabras que le llegaron destruidas y que él enfrenta a nosotros. Esta experiencia ardua y difícil desarrolla la intermitencia en la que nos establece sus enfoques narrativos, en toda su escritura no garantiza ni deja huellas, en el refugio de su rigor acepta la irrupción de su palabra y sueños, recuerda el tiempo de una ruptura, la de su voz justa.

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