lunes, 14 de septiembre de 2009

OCNOS; EXILIO, FANTASMAS DE SENTIDO



La ciudad como núcleo de una ruptura, por la vocación de una ruptura, espera vacía que aguarda en el umbral, un absoluto distante de cierto idealismo en el que existe una entrega sin reservas. No es una voz enmascarada quien nos pasea por la ciudad, la que nos permite seguirla en la evocación de su rechazo. Lejos del simulacro que tantos ejercieron y ejercen, de esa garrulería sevillanista o andalucista de ayer, de hoy y posiblemente de mañana, por utilizar las palabras del propio Cernuda, de esos exaltados de las exaltaciones pregoneras, la impersonalidad de los rasgos y perfiles de esta obra nos llevan a desplegar una fascinante impersonalidad, claridad liberadora, contrastes de fuerza hacia el temblor. En otra ocasión he escrito que Ocnos es una crítica viva y amarga, experiencia problemática y condenada, nos convierte en los errantes y siempre extraviados por una ciudad sin nombre, lo que Holderlin nombraría como el espacio infinito del ritmo. Sin residencia alguna, esta obra nos exilia. Una fuerza mágica nos guiará por tiempo y lugares soñados y perdidos, pero sin derecho a la verdad y sin derecho a la muerte. Hay una clave extraña y sombría de la claridad de estos textos; se escribe donde la vida termina de escribirse. Su pensamiento se retira dejando un velo de transparencia, exilio, fantasmas de sentido.

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