lunes, 21 de septiembre de 2009

LUCERNARIO




La lectura nos compromete, un compromiso de desprendimiento. Fueron mis palabras lo abrazado a la última lámpara del atardecer, palabra posible en su propia disolución. Todas las palabras esenciales vendrán en esa última luz, las palabras devueltas en una borradura. El acontecimiento poético estaría en el inventario formal de una aprendizaje de la soledad, una insistente obsesión por la muerte de la palabra, un otoño de su simbolismo, cuando deja su lugar a una cesura que muestra la escisión.




Tú no sabes de exilios, tú duermes

en el agosto remoto,

en la demora en el fuego del sueño,

con el silencio y el viento

en el ramaje del horizonte.

Piensas

extenderte aun por huellas de sombra,

aguardar los remotos signos del mar,

mirando

tus pasos en las arenas,

el regreso

oscuro a las aguas calientes.

no ha de extinguirse tu lejanía,

tu figura extraña

en la memoria de las huellas.

Como la oscura noche

sobre la última lámpara,

tú no sabes de exilios, tú sueñas

en el silencio que se nombra,

sin afuera,

como anuncian el vacío o la sed,

sombra a sombra sobre lo borrado

lentamente en lo oscuro.









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