martes, 22 de julio de 2008

VICENTE ALEIXANDRE


En Vicente Aleixandre encontramos aquella vieja pasión del arte como un fenómeno moral, en él había ese signo del sufrimiento como misterio. El planteamiento inicial de su escritura resulta de lo más sugestivo, Pasión de la tierra, Espadas como labios, Sombra del paraíso, son libros de trazado ambicioso. Aleixandre elabora y no pierde la transformación del sentido en una estética tan peligrosa para ello como la irracionalista o surrealista. En estas obras las categorías de fuerza del lenguaje no se dispersan, nos conforman mundos poéticos que seducen por su gran honestidad. Pienso que fue siempre fiel a esa ejecutoria de su escritura y, dado el rumbo que después tomó la poesía española en la elección de sus maestros, esto le ha dañado. La unidad básica de su discurso poético fue siempre la amplitud de su comunicación simbólica. Al trazado de sus comienzos le opondrá pocas variaciones, Poemas de la consumación o Diálogos del conocimiento actúan en lo esencial igual que sus primeros libros, recuerdan aquel comentario de Nietzshe para quien la verdad era la movilización de un ejercito de metáforas, gran dominio sin dispersión ni cansancio de la expresión en líneas compositivas extensas. Aleixander, en sus textos, nos revela las técnicas del encubrimiento y la reducción del lenguaje poético realista, no hace ninguna apología mística de lo poético, sino que hace un comprensión transcendente de la realidad. Poeta del exilio interior y de la amistad, la concesión del Premio Nobel supuso el reconocimiento a una trayectoria ejemplar en todos los sentidos. Estas fueron sus ciudades y sus fechas. Sevilla, Málaga, Madrid. (1898-1984)

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