sábado, 26 de julio de 2008

EDMOND JABES

La palabra poética es palabra radical y subversiva, su raíz y esencia es lo indecible, en su origen la palabra poética esta fuera de la plaza pública. No es la escritura de Edmond Jabes una teología negativa, ni un diálogo estéril con los textos milenarios. Es la advertencia de la necesidad de escucha en la modernidad, como señalara J. A.Valente, esa disponibilidad y receptividad máximas por la tensión entre ausencia e inminencia que tan profundamente marcan la tradición judía.Para Jabés el arte de la escritura es respetar la atracción de la palabra para con la palabra y en la lógica de la argumentación rabínica busca su apertura. En el trasfondo, esenciándose en su escritura están las grandes interrogantes metafísicas asumidas desde la modernidad literaria. En esta tradición de textos de límites, Jabés intenta lo más difícil, la restitución de lo originario, confluyendo con Holderlin en esto, buscando la raíz sagrada, las experiencias extremas y sus metáforas, desnudez, exilio, extranjero, arena, desierto; el vocablo. Como también comentó Blanchot sobre este autor, la veladura, el silencio, son cuestiones fundamentales en todos sus textos y que nos revelan su pertenencia poética.La posición a la que nos lleva su filosofía creativa es un estado de espera, apartándose de la instrumentalidad del lenguaje y, junto con la influencia del Talmud y la Cábala, interrogar los grandes problemas contemporáneos. Escritura de raíz, y por eso mismo de destierro y exilio. Estamos pues ante una ruptura desde la que esta obra nos interroga, desde el silencio y la ausencia se despliegan sus textos acompañados frecuentemente de un hermetismo simbólico y de espacios límites, exilios interiores y exteriores. La honda presencia que tiene el extranjero en toda su obra no es mas que la plasmación de esa agonía y sacrificio milenario de su condición judía, metáfora de la raíz y el exilio de todos los hombres

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