viernes, 24 de julio de 2009

ALIANZA

Monumento a Pastora Pavón en la Alameda de Hércules




Donde reposa el vacío, aun sin el movimiento de la comunicación, está el presentimiento, el poder creador, un poder previo que supera a los hombres. En esa espera tendida de la memoria están los relatos de un viejo arte, el habla y el ritmo profundo, que espera de la manera más secreta, en una lejana voz de la infancia, lo que convoca para no perderse de sus orígenes. Canto y raíz, palabra y silencio, límite integrado, un abrirse de lo desconocido. Yo contengo en mi recuerdo el habla del canto, la expiación que reintegra ese vacío donde surge la esperanza; el desvelo de la memoria.






La soledad

rompe el tiempo,

crece y se derrumba sobre el olvido,

fue destino

en los márgenes y los confines.



Esta tarde

de viejos presentimientos,

el crepúsculo

va a volver por las azoteas.



Presagio en el claroscuro,

ojos esperando

la entrega imposible,

voz que ya no aparenta,

atravesada por el resplandor.



Vas a regresar,

sucede en tu luz y en tu herida;

el silencio en la raíz,

la ceniza de un lamento.


Nota; Hace unos días volvieron a colocar el monumento a Pastora Pavón en su Alameda, faltan aun otros hijos sentidos de este lugar, esperemos que el Ayuntamiento continúe la tarea. Este poema lo escribí hace unos años en homenaje a la genial cantaora y en recuerdo de mi abuela Amparo en su azotea. Hoy me es muy grato dedicárselo a Juan Miguel y Andrea, en un día tan especial para ellos.

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