viernes, 28 de octubre de 2011

LA LUZ DE LAS OLAS



Hoy no sé nada,
Mañana quizás pueda
Observar toda la intensidad
De mi corazón.
Federico García Lorca
Paseando de niña por las playas de Málaga recordaría lúcida muchos años después cómo las olas llegaron a salpicarle como un rito sacro, al mismo tiempo que de la negrura del mar, le llegaba una gota salobre, especie de bautismo espontáneo que le otorgó su Mediterráneo y que ya no se borraría de su memoria. Y seguramente iría cogida de la mano de Él, su padre, quien le enseñó a mirar, a saber mirar, en las noches de verano  bajo el susurro del limonero que, al igual que ella, crecía en el patio de su casa de Velez – Málaga.
En este entorno andaluz mágico hundiría sus raíces un hecho, el más decisivo y misterioso de la vida de una persona, el nacimiento de María Zambrano. Una mujer que vendría al mundo para trastocar con su genialidad el transcurrir de la historia de la filosofía occidental, obra tradicionalmente de hombres, y para abrir nuevos caminos y horizontes.
En efecto, la obra de María Zambrano goza de la misma naturaleza que su mar veleño, es amplia, intensa, entrañable y valiente. Tenía claro que había que volver a escarbar en las entrañas, en los ínferos del alma, como a ella le gustaba decir, y dejar libre al corazón, dejar que la intuición, aquellas “razones del corazón que la razón no entiende”, encontrara el camino apropiado para brotar como pensamiento. Su interiorización fue tan intensa que incluso antes de que ella misma fuera consciente, ya había inventado la razón poética de tanto aplicarla.
Así, explicaría  “he tenido el proyecto de buscar los lugares decisivos del pensamiento filosófico, encontrando que la mayor parte de ellos eran revelaciones poéticas. Y al encontrar y consumirme en los lugares decisivos de la poesía me encontraba con la filosofía”. A partir de ese momento María Zambrano defenderá que al igual que no es posible ni valiosa una poesía que no esté cargada de pensamiento, de razón, tampoco es posible a la inversa, una razón sin poesía. Y ésta es su auténtica revolución filosófica: sólo la síntesis de ambas, poesía y razón, nos situará en el verdadero camino.
María Zambrano intenta de esta manera hallar un nuevo camino rompiendo con los esquemas de nuestra cultura y con el pensamiento platónico para el que pensamiento y poesía se enfrentan de forma radical. Un nuevo camino que comenzará con su primera publicación en el exilio Filosofía y Poesía. La repercusión de su obra y método será tan intensa que toda su vida estará marcada por la razón poética de forma recurrente.
Ana Silva
Paralelo 36 Andalucia.

lunes, 3 de octubre de 2011

UN POEMA DE SAMUEL BECKETT




HAY QUE SEGUIR…


(…) es quizá demasiado tarde, quizá ya está hecho, cómo saberlo, nunca lo sabré, en el silencio no se sabe, es quizá la puerta, estoy delante de la puerta, eso me sorprendería, quizá soy yo, eso ha sido yo, en alguna parte eso ha sido yo, puedo partir, durante todo este tiempo he viajado, sin saberlo, soy yo delante de la puerta, qué puerta, ya no es otro, qué pinta aquí una puerta, son las últimas palabras, las verdaderamente últimas, o son los murmullos, van a ser los murmullos, conozco eso, incluso no, se habla de murmullos, de gritos lejanos, tanto como es posible hablar, se habla de ello antes, se habla de ello después, son mentiras, será el silencio, pero que no dura, donde se escucha, donde se aguarda, que se rompa, que la voz lo rompa, es quizá lo único, no sé, no vale nada, es todo lo que sé, no es el mío, es lo único que yo haya tenido, no es verdad, he debido de tener el otro, el que dura, pero no ha durado, no comprendo, lo que quiere decir que sí, dura siempre, siempre estoy con él, me ha abandonado en él, no sé, es un sueño, es quizá un sueño, eso me sorprendería, voy  a despertarme, en el silencio, ya no dormiré, seré yo, o soñar otra vez, soñar un silencio, un silencio de sueño, lleno de murmullos, no sé, son palabras, nunca despertarme, son palabras, solo hay eso, hay que seguir, es todo lo que sé, ellas van a detenerse, conozco eso, noto que me abandonan, será el silencio, un momentito, un buen momento, o será el mío, el que dura, que no ha durado, que dura siempre, seré yo, hay que seguir, no puedo seguir,  hay por tanto que seguir, hay que decir palabras, mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentren, hasta que me digan, extraño castigo, extraña culpa, hay que seguir, quizá ya está hecho, quizá ellas ya me han dicho, quizá me han llevado  hasta el umbral de mi historia, delante de la puerta que me abre a mi historia, eso me sorprendería, si se abre, eso va a ser yo, eso va a ser el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, hay que seguir, no puedo seguir, voy a seguir.


El innombrable, 1949


Traducción  de Ricardo Tejada


HANNAH ARENDT Y LA BANALIDAD DEL MAL


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