miércoles, 20 de enero de 2016

UNA ENTREVISTA A KINKÉ




PERFILES DEL DEPORTE ANDALUZ. KINKÉ, EL INICIADOR DE LA ESCUELA SEVILLANA, NOS DICE SU OPINIÓN DE LO QUE DEBIERA SER EL EQUIPO NACIONAL

Kinké es un andaluz de Barcelona. Un hombre que tiene la alegría del carácter meridional, el acento andaluz, la cordialidad y la gracia sevillanas, y que luego guarda en el bolsillo una cédula personal, una de esas cédulas personales que van a constituir u las más horrendas de las pesadillas para los varones solteros y mayores de cinco lustros, en la que se hace constar que Don Juan Armet de Castellví, de X años de edad, es natural de Barcelona, provincia de Idem. 

Kinké no había estado nunca en Sevilla, ni entrado en Andalucía. Y, sin embargo, según me dice, su sueño dorado, su mas grande ilusión, era marchar a la ciudad de la Giralda. -No he deseado nada en mi vida con tantas ganas, como entonces deseaba todos los días y a todas horas dar me una vueltesita por allí abajo.

-¿A pesar de que no lo conocía? –A pesar de no haber estado allí nunca. Porque conocerlo, huy, sï, yo lo conocía!. A través de postales y de vistas, a través de docenas de libros que yo leí uno tras otro sin descansar, y a través de una novia sevillana que yo tuve por entonces en Barcelona, que cuando hablaba de Sevilla -¿y de qué iba a hablar si no?- tenía más brillo en la ojos y más gracia en la cara…Hasta que llegó una vez que puede hacer una escapadilla para ver aquello, y me convencí de que ya lo conocía como si lo hubiese visto. Que era un poquillo más bonito aún de lo mucho que yo me había imaginado, nada más. Y yo, que había ido para pasar quince días, me quedé allí, y allí llevo ya nueve años y allí pienso morirme.

-¿Cómo empezó en usted la afición al fútbol?. -Jugando, desde muy pequeño, en el Colegio de los Escolapios de Barcelona. Mi primer club fue el Universitario, de cuyo equipo infantil tomé parte a los once años. Luego, siendo muy joven, acababa de cumplir los catorce, jugué también en el primer equipo.

-¿De allí pasó usted al Sevilla? -No, antes de ir a Sevilla vine a Madrid, en donde estuve dos meses jugando con el Racing. Aquí fue donde conocí al que luego haba de ser mi equipo. Fue en 1916, el primer año en que el Sevilla quedó Campeón de Andalucía. Se eliminaba con el centro, y vino aquí a jugar su partido de cuarto de final con el Madrid. Perdieron por 8 a 1. Quizá, por eso mismo me fueron simpáticos: los conocí, nos hicimos amigos y me marché con ellos. De este mondo ingresé en el club, en donde he de jugar mientras pueda.

Es algo pintoresco que el iniciador de la llamada escuela sevillana no sea andaluz de nacimiento –ya que de que corazón sí lo es-, y que conociese en tales circunstancias a los que luego habrían de ser sus compañeros y discípulos.

Kinké fue el principio, el punto inicial del estilo en fútbol andaluz. La maravilla de esos pases cortos y rápidos, de esas combinaciones precisas y matemáticas, de ese filigraneo hábil y vistoso, fue inventada y fue introducida por él. Y, sobre todo, está el mérito extraordinario de que no se ha limitado a hacer, sino que también supo enseñar a hacer. 

-¿Cuántos puestos ha cubierto usted? -Menos de extremo izquierda, he recorrido toda la línea delantera. Me gusta más ser centro del ataque, pero ahora juego de interior izquierda, por necesidad del equipo.

-¿Qué árbitro le gusta a usted más de los que ha visto? -Murguía
-De los de la región Centro ¿qué club prefiere?. -Ya le he dicho que fui jugador del Racing. No es extraño, pues, que siga siendo racinguista.
_¿Qué club opina usted que quedará este años Campeón de España? -Creo que los finalistas serán la Real Sociedad de San Sebastián y el Sevilla o el Barcelona.
-¿Cuál ha sido su mayor alegría futbolística? -La tarde en que el Sevilla, mi Sevilla, ganó en Madrid, y en 1921, al Atletic de Bilbao. Un partido muy bien ganado, y que luego, federativamente, se dio por perdido por no sé que tiquis miquis reglamentarios
 -¿Y su mayor contrariedad? -El día que perdimos en nuestro campo con el Europa de Barcelona. Se pedió ese partido por la suerte, uno de los factores más importantes del fútbol.
-¿Quiere darme su selección nacional? -No puedo. -¿Teme usted que algún jugador amigo se moleste sin no lo incluye en ella? -No, no es por eso. -¿Entonces? -Es que yo creo que no debería haber selección nacional.
-¡Hombre, Kinké! -Nada, como usted lo oye, tengo ideas muy originales sobre eso. -¡Ah!, pues vengan, vengan –le animo-, que, además de originales, serán interesantísimas.
-Mi opinión –dice Kinké- es que el equipo nacional no ha de formarse por una selección, sino sobre la base del equipo, no del Campeón de España, sino el que se crea mejor y más adecuado para esto. En este equipo que se eligiera habría que estudiar, qué puestos eran los más débiles, y substituirlos por jugadores verdaderamente excepcionales, pero atendiendo en estas substituciones no solo el buen juego de los equipiers que reforzasen el equipo, sino también a que su técnica o estilo fuese el mismo o adaptable al peculiar del equipo base. Creo que éste sería el mejor camino del éxito, ya que lo que ganan los partido no son once señores, once individualidades, sino un equipo acoplado. Pruebas de ello: la derrota que sufrimos en la Olimpiada y la victoria que el Sevilla con el nombre de selección andaluza, alcanzó sobre el equipo húngaro. El secreto del triunfo en el fútbol está en la cohesión de los jugadores. Vale más un equipo de jugadores que sean simplemente buenos, pero que tengan la necesaria cohesión, que no otro en que todos sean celebridades, pero en el que cada uno marche de su lado, si un criterio fijo, si una técnica determinada, sin acoplamiento, sin tener siquiera la costumbre de verse junto al otro. Son tan esenciales estas condiciones de la cohesión y de la adaptabilidad de técnicas, que, al reforzar el equipo base, sería conveniente cubrir los puestos débiles, más que con jugadores de un valor absoluto, con aquellos equidistas que tuviesen una semejanza de juego y una afinidad de escuela. -Muy bien- ¿Y qué equipo cree usted que podría servir de base para formar el nacional?. -Eso ya no estoy en condiciones de decirlo, porque formo parte de uno de los mejores equipos de España. Si propongo al Sevilla, nadie dará valor de sinceridad a esta opinión mía, porque la creerá interesada. Y si para evitarlo propusiera otro equipo cualquiera, todos dirían “El Sevilla no es lo que de el se piensa ¡si hasta Kinké no lo cree el mejor!”. Como usted ve, lo más discreto es que no conteste esa pregunta.

Una pequeña pausa y luego Armet continua -Además, que para designar un equipo base del nacional, habría que tener en cuenta muchas circunstancias accidentales a cada partido que hubiera que celebrar: el lugar del encuentro, el estilo de los contrarios, la composición de su teams…

-Para terminar. ¿Quiere contarme una anécdota? Kinké hace memoria en silencio unos segundos y luego me dice: -Le voy a contar una que tiene muy poca gracia; pero no me acuerdo de otra. Fue jugando en nuestro campo contra un equipo alemán. Aquella tarde jugaba yo de muy mala gana, muy fastidiado; le daba al balón maquinalmente, casi sin darme cuenta, por la costumbre que ya uno tiene. Bueno; pues el porterito alemán no tuvo mejor ocurrencia que salir a jugar vestido completamente de negro, desde el jersey hasta la panta de las botas. Parecía que se le había muerto toda la familia, y además el casero, al pobrecito germano. Estaba, para colmo, en lo que nosotros llamamos “la portería de la muerte” en la que da el sol plano y tan de frente, que es muy difícil chutar en ella. Yo, con el sol de cara, no veía al portero, sino nada más que una mancha negra y muy estirada, que daba paseos de un poste a otro, como si fuese uno de los del orden público. Tanto se parecía y de tan mala gana y tan distraído estaba yo aquella tarde, que no sé cómo se me metió en la cabeza que aquel hombre no era un guardameta, sino un número de Seguridad. Y en esto que me pasan el balón y salgo yo con él para adelante hasta que llego junto a aquel señor de negro, le doy sin querer un pequeño encontronazo y le digo “Usted dispense, señor guardia”. No me entendió, porque era alemán; pero si llega a entenderme me da un trastazo, porque él creería guasita llamarle guardia después de haberle metido un tanto. -¡Ah¡ ¿Pero fue goal? -Pues ahí está lo bueno. Que con el impulso que llevaba la pelota entró ella solita en la red, sin que yo, distraído, me diese cuenta. Yo me lo quedo mirando fijamente. -¿Usted no cree que es verdad? –me pregunta Kinké. Y como yo contesto con un movimiento negativo de la cabeza, el gran jugador se indigna conmigo: -¡Que los sevillanos no mentimos nunca, señor…¡Todo lo más que hacemos es alguna fantasía!. 

Antonio Gascón Revista de Deportes “Aire Libre”, mayo 1925.

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