viernes, 5 de abril de 2013

NI POR SU MAJESTAD, NI POR SU SANTIDAD: CRISTINA DE BORBÓN Y GRECIA IMPUTADA

La familia real española es una empresa privada (FRE) que ha gozado de máxima impunidad en todas sus acciones mercantiles desde hace muchos años. Esa impunidad real se ha quebrado con el procesamiento de la Infanta Cristina de Borbón y Grecia. La empresa FRE ha dispuesto de un Estado y de las instituciones de este como recursos privados al servicio del enriquecimiento de los borbones y adláteres. Todo el mundo que sabía algo lo sabía, casi nadie lo decía. El bipartito (PP y PSOE) lo protegió, los periodistas organizaban juegos florales, los jueces ni miraban, y el parlamento se negaba a fiscalizar cualquier acción de sus graciosas majestades. Urdangarín, Diego Torres, la infanta Cristina eran sólo unos empleados torpes, y todo hay que decirlo con algo de mala suerte, de esta empresa 

La monarquía es una institución deleznable para cualquier demócrata, para cualquier hombre, pero además la monarquía española es un híbrido entre la herencia y la costra franquista y el comportamiento depredador de una sociedad anónima sin límites ni competencia. Con el procesamiento de la princesa de Palma se ha quebrado la impunidad informal pero subsiste la impunidad formal, constitucionalizada, del jefe de la empresa: Juan Carlos I de Borbon. Si del juicio contra Urdangarin y Cristina se desprendieran responsabilidades del jefe de la empresa no se le podría procesar, lo dice la constitución de 1978. 

Que los jueces hagan su trabajo y demuestren que no todo está podrido en el Reino de España. Pero el juicio más importante deberá ser político y no será sobre infantas y princesas sino sobre esa empresa que es la familia real. Ese juicio lo deberán ejecutar los ciudadanos y ciudadanas españoles. La monarquía está tocada pero no muerta. Tratarán de salvar los muebles con el príncipe y la reina, ya lo advertimos. Caer en esa trampa otra vez, sin la sombra de la división Brunete amenazando nuestras decisiones, no tendría excusa. Si queremos romper con el franquismo y con la corrupción tenemos que acabar con esa empresa y deponer a su jefe en un proceso constituyente que conduzca a la proclamación de la III república federal.

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