viernes, 1 de febrero de 2013

LINCOLN, VAYAN A VERLA


Por Francisco Garrido

       Vayan a verla, en pantalla grande y sala oscura, con palomitas o con patatas fritas, no esperen al video, ni a la tele; vayan, no se la pierdan. Vayan ahora, ya están tardando; la necesitamos, es sangre para nuestros corazones revolucionarios y brújula para nuestra desorientada inteligencia política. Lincoln, Lincoln y una de las epopeyas de la humanidad: la abolición de la esclavitud. La figura esbelta y levemente encorvada, la sempiterna manta, nos ensenan a un hombre cargado de la responsabilidad y aupado por la fuerza de la democracia. Astuto y firme, piadoso pero implacable. Una democracia fuerte que no busca sólo convencer sino vencer. Maquiavelo nos lo enseñó: hay que ganar. Lincoln lo dice, no somos perdedores si no la fuerza que lleva en su interior la semilla del futuro.

     Y la inteligencia de la política… Miren con detalle y atención una escena, recuérdenla: los esclavistas tratan de provocar en el congreso al maravilloso pero vehemente abolicionista Stevens con el congresista de Nueva York Fernando Wood, líder del ala anti-abolicionista del Congreso. Stevens, no cae en la trampa y hace lo que debe de hacer, lo que la prudencia, esa virtud tan preciosa por escasa en los revolucionarios, dicta: decir aquello que conduzca a la victoria. Al final de la escena otro congresista abolicionista, un “alma bella”, le reprocha a Stevens sus concesiones, su pragmatismo. Rememoren la escena y verán como si los esclavistas nos provocan asco moral, las “almas bellas” nos despiertan la repugnancia intelectual. Entre malos y tontos navega la esclavitud. La ética sin política es impotente, la política sin ética es ciega. Los buenos tienen el deber moral de la victoria. Una política sin ética termina en la corrupción, una ética sin política también. Mohama decía que “valía más un minuto de justicia que cien años de oración”.

     Viendo esta película uno quiere creer que al cine americano le ocurre como al arte religioso medieval o al idealismo alemán, están pagados por los de arriba pero sus herederos son los de abajo. Quién sabe si Hollywood no ha sido la cripta donde ha permanecido viva la llama de la revolución americana, esa que tanto admiró Marx , resguardada de la tempestad capitalista. En mucho del cine negro, en gran parte de los westerm , en el cine de Spielberg o Tarantino parece haber como un mensaje subliminal, oculto, cifrado. Quizas haya llegado el momento de desverlarlo.

       Lincoln maneja los tiempos, las bajas pasiones, las contradicciones y debilidades del enenmigo, la fuerza y la clemencia: pura acción política. Hoy que estamos gobernados por esclavistas, da mucha rabia ver como parte de la oposición en vez de hacer política se entrega a la estupidez narcotizante de las “almas bellas”. De nuevo entre malos y tontos cabalga el esclavismo, esta vez neoliberal. Necesitamos a Lincoln , necesitamos a Stevens. Necesitamos la política. Necesitamos ganar, no llorar. Vayan a verla, no tarden; les dará ideas , les dará fuerza.

PARALELO 36. ANDALUCIA.

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