miércoles, 13 de febrero de 2013

EL PAPA SE VA




Por Francisco Garrido

Las papas se llaman patatas, en Andalucía siguen siendo papas, para no ofender al Sumo Pontífice. No hay espacio que el poder de la iglesia no haya pretendido ocupar. La retirada de Benedicto XVI ha sacado a la luz la anatomía imperial de la curia romana. El catolicismo es y ha sido siempre una religión de Estado. La “sede vacante” es el trono y la mitra del emperador. El derecho canónico por el que se rigen no es un código deontológico para curas sino un cuerpo jurídico de un Estado al asecho. A la menor se instalan en el poder más absoluto. 

El Papa no es un líder espiritual sino político, no le dejan de momento ejercer plenamente. El vacío de poder de la sede vacante, el interregno, está asociado en la historia de la iglesia (como en la historia de los imperios) a la violencia y la guerra. En el interregno se abre la guerra por el botín del poder del monarca muerto o depuesto. Benedicto XVI ha dejado a la iglesia en una especie de “estado de naturaleza” hobbesiano (todos contra todos). Digan lo que digan nunca han aceptado la separación entre la iglesia y el Estado y menos aun la división de poderes. El profundo contenido sexual de su magisterio es la argamasa con la que se forja la sumisión voluntaria que Pierre Legendre denomina “el amor político”.No hay dictador, déspota o tirano que no hayan contado con los servicios del “pescador de hombres”. 

La estructura jerárquica de la iglesia tiene toda frialdad sádica del poder político burocrático, separado, donde la vida, la naturaleza humana, es olvidada y odiada, son nihilistas. La iglesia, es, por otro lado, un aparato muy costoso que necesita del apoyo de los gobiernos y de los ricos para subsistir. Los votos de pobreza, castidad o el celibato son instituciones que dotan a la iglesia del carácter de institución total y cerrada. A la par, esos votos son dispositivos de abaratamiento de los costes enormes que comporta. Fuera de la iglesia no hay salvación. Pero ahora todos sabemos algo (el día y la hora) que antes solo Dios o los criminales sabían: cuando el Papa dejará de ser Papa. Revuelo de volantes en Roma.

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