viernes, 31 de agosto de 2012

LOS NIÑOS DE CÓRDOBA, JUSTICIA O ESPECTÁCULO


No sabemos todavía, a ciencia cierta, si los huesos encontrados en la finca de Córdoba son los del niño y la niña desaparecidos. Ojalá no lo fueran. Ojalá hubiese alguna posibilidad de que aparecieran sanos y salvos. Pero los datos no invitan al optimismo y parece más que probable que el último análisis de ADN sea correcto y estemos ante un horrible crimen a manos de su propio padre. Pero es, en todo caso, un asunto exclusivo de la Justicia no un banal espectáculo mediático. A muchos medios de comunicación no les importa mucho la verdad más bien les incomoda. Y menos aun la verdad procesal con toda su tediosa cautelas garantistas. Les interesan los mensajes groseros, las imágenes de impacto inmediato, las sentencias (condenatorias por supuesto) súbitas, el odio en manada y la truculencia a borbotones. Quieren a millones de personas pegadas ante el televisor hipnotizadas por la sangre y la maldad, inmunizados ante contra el cambio de canal y tragándose barbaridades a cual mayor, incluyendo (pieza clave) los anuncios publicitarios. El caso de la desaparición de estos niños, como el del asesinato de Marta del Castillo, ha mostrado las entrañas (malas entrañas) morales de los medios de comunicación españoles. El esquema se repite. Programas especiales a las horas de máxima audiencia. Primero nos aturden con supuestas imágenes en directo de los lugares del crimen. Continúan con entrevistas a personas que dicen que conocían a un sobrino de alguien que dice que vivió cerca de donde pasó su adolescencia el asesino. Y finalmente, la imprescindible “mesa de expertos”, compuesta por “expertos” tan expertos que son capaces de emitir un perfil psicológico exhaustivo del criminal con sólo conocer la fecha de nacimiento. Y si todo esto se puede aliñar con sangre y lagrimas mucho mejor. Audiencia garantizada. Lo malo de este esquema es que todos hacen lo mismo, incluidos los medios públicos como Canal Sur, y esto obliga a competir en demagogia y grosería. Lo importante desaparece, y a la justicia ni se les espera. Casi nadie habla por ejemplo de que este es un crimen de género. El padre ha tratado de matar a su antigua esposa de forma más dolorosa que si la hubiese asesinado a ella misma. La muerte le parecía poco. El objetivo y el medio son tan crueles que da pavor pensar en la capacidad de destrucción de la ideología patriarcal que lo sustenta. Pero esto ya es demasiado reflexivo y complejo para cautivar en segundos a la audiencia o para explicarlo en 140 caracteres en Twiter. Por cierto, vaya papelón el de Twiter y FacebooK en este asunto, peor que Tele 5 y Antena 3 juntos. La educación sentimental de millones de personas está en manos de empresas sin escrúpulos que trafican con la droga del horror y el sufrimiento humano. Convierten el dolor real, la muerte real, en un espectáculo que encapsulan y venden. A diferencia del arte esta espectacularización de las tragedia humanas no es catártica sino patológica, no nos hace sino peores; nos convierte en consumidores compulsivos del mal. 

EDITORIAL PARALELO 36

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