lunes, 28 de mayo de 2012

ANIMULA


En el adiós de los ríos que viste aquella noche en sus ojos, madre de luz, 
en las callejuelas del hambre,
rumbo mío y tu verdad, 
mia interior, 
la orilla ciega por los caminos últimos, 
es la piel y la noche que perdiste.
En el gran ventanal hay un ala del tiempo donde se respira la llama 
De alientos. 
Busco sus palabras, ya nos la miro,
vivía de no volver a ver nunca.
Carne suave, alma tranquila, tan sola.



Febrero 2001

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