martes, 21 de junio de 2011

VERANO




Es el verano, a veces las palabras maduran con su corazón, desnudas. No eres tú quien respira. Es la plenitud de los extraños, el pulso solar. Son los pájaros sedientos, boca del día en la mañana atlántica, el tiempo tejido en el espacio que nos interna para agostar el sosiego. Mira en el espejo marino, en la rompiente donde se nace, volviendo sobre sus pasos, ofreciendo sus manos sobre el oleaje, en la claridad de la sangre. Es un humilde camino. En su abertura tiende los pozos profundos, salitre sobre la sonrisa y la herida. Veo por tu historia agua y llamas, al soplo, a la mirada, estallan en tus pupilas o arden y se apagan. Tu ser desatado bajo el oleaje oye el verano, a veces la vida madura con su corazón.



Junio, 1998


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