jueves, 25 de noviembre de 2010

EL NADADOR



Respira la claridad la noche y colma ese silencio de sol, el cielo extiende el desnudo, entonces la pasión y la conciencia; fuga del aliento, marcada y encarnada en lo exterior. Llegan las aguas a tus manos en la bodega, bajo un cuerpo tus ojos no son nada, en el nocturno la arena y la sal arden en ellos. Apareces por calles perdidas hacia la bajamar para saltar con los astros, allí los adioses interminables, voz del tiempo, los latidos apagados del nadador.



El cuerpo que regresa. Caminarás el verano, habrá pasado la oscuridad y la voz niña en el viento.


Serás, desconocido,                     
solar, ya devastado,
el retamar, nocturno,
escucha tu murmullo.


Aún, el niño que sueña,
libre, sobre la arena.
Después llama al silencio
sus manos en lo oscuro.


Tendrás aguas maternas
dentro del cuerpo, vivo,
tendrás el mar sonando
al corazón de un mundo.




Disposición fragmentaria, Mayo 2000

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