viernes, 17 de septiembre de 2010

YO TAMBIEN SOY GITANO




La decisión del gobierno francés de ordenar la  deportación masiva de comunidades gitanas de origen rumano nos devuelve a uno de los lugares  más siniestros de la memoria europea .El hecho de que se haya tomado a la comunidad gitana como víctima propiciatoria no es tan poco un suceso  novedoso. Los gitanos, desde las pragmáticas de los Reyes Católicos, hasta  los campos de concentración nazi o la Guardia Civil española: han sido perseguidos y machacados como un ejercicio práctico de pedagogía del terror  político (racista o de clase) destinados a amedrentar y disciplinar  a otras minorías mucho más  extensas y poderosas.
Las deportaciones colectivas de gitanos,  ordenadas  por  ese “napoleón de ópera bufa” que es Sarkozy, no son sino un “ensayo general”, con público y crítica; de operaciones de mayor calado  que tienen a las poblaciones africanas e islámicas  (magrebíes, subsaharianos) en el punto de mira. Hoy los gitanos  rumanos, mañana los subsaharianos de Malí y dentro de un futuro no muy lejano todo aquel que no encaje en el modelo étnico occidental y cristiano.
Desde antes de su llegada a la presidencia  de la república francesa, Sarkozy ha encabezado un giro ideológico en ruptura  con la tradición laica y republicana de la  derecha  francesa.  Esta nueva derecha, liderada  por Sarkozy, es más heredera  de  Petain que de De Gaulle y está  más próxima a Vichy que a Londres.  El acercamiento a la iglesia y el cuestionamiento del laicismo republicano, o la apertura de un seudodebate sobre la identidad nacional francesa en clave etnicista,  son dos gestos  exponentes de esta nueva dirección. En España el  zorro  de Rajoy y el  memo de Zapatero  coinciden  en  apoyar la deriva racista francesa.
Vivimos ya , aunque todavía  no lo sepamos, en una era biopolítica,  donde la vida se ha convertido en la  principal categoría política y social: en esta era la derecha resucitará  el racismo sin el cual no puede  justificar  la imposibilidad ecológica  de universalización del modelo de vida y consumo occidental.. La exclusión de la mayoría de la humanidad del festín del consumo occidental es  la condición para que la ilusión  del crecimiento  infinito  tenga algún recorrido histórico. Para ese viaje las alforjas de los derechos humanos y del liberalismo cosmopolita no sirven, sólo nuevas formas de racismo  le pueden otorgar un asiento ideológico estable  y sólido.
Nosotras y nosotros como andaluces tenemos  una implicación especial en este  asunto. Ya dijo Lorca que el gitano era una de las formas más excelsas  y elegantes de ser andaluz. Cuando se persigue a un gitano  se persigue a Andalucía. A los gitanos se les masacró en nuestra tierra como advertencia  a la memoria andalusi (de la cual ellos y ellas  son en  gran medida albaceas  y herederos). Gentes sin  certificado  de pureza de sangre sabían lo que les  ocurriría viendo lo que les ocurría a los gitanos. Los pobres, los trabajadores también fueron advertidos con los golpes en las espaldas de los calorrros.  Desde hace  mucho siempre que algo terrible ha ocurrido  en Europa ha comenzado  con una persecución de gitanos. El gobierno y el parlamento andaluz, las instituciones y organizaciones, las gentes de bien de nuestra  tierra, no podemos, no debemos  abandonar a su suerte a los gitanos. Desde Serba La Bari hasta el albaicín, desde los puertos a Almería o Jaén  una voz debe  decir alto y claro: yo también soy gitano.


EditorialP36. 17/09/2010

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