domingo, 4 de julio de 2010

EN EL ADIOS DE SERGIO LEONE (Visiones y desviaciones en el círculo)




En 1962, San Peckinpah estrena su película Ride the High Country (Duelo en la alta sierra), considerada por muchos como el inicio de la reformulación del westerm clásico, agotado por entonces para el público norteamericano y desplazado a la televisión en formato de series. Peckinpah viene de la mano de su maestro, con quien ya ha trabajado, Don Siegel. Posteriormente y en siguientes películas el llamado por entonces hiperrealismo de Peckimpah es repudiado por un amplio sector de la crítica por su extrema violencia y por sus formas devaluadas de narraciones clásicas. En el linde de la historia podía pensarse que la matriz de una nueva expresividad se había dividido. Por un lado la acusación de canalización de su cine, por otro, su estilo renovador. No hubo una ruptura radical sino un empuje a campos temporales e históricos que se ha repetido en todos los procesos artísticos, va hacia un espacio que no pertenece aun al museo. Peckimpah da sustrato y cuerpo a la psicología de los personajes en la historia. Tampoco una conversión del público en la mirada hacia el género, sino una secuencia elegiaca y sombría de su final, esa narración era una narración de ellos que expiraba, su colorario programático y temporal estaba instalado en el espectador y en el crítico. Le es imposible a Peckinpah encontrar posibilidades visuales o narrativas nuevas, conjuga esencialismo e historicismo pero no llega a campos de abstracción, los límites están marcados porque aun el espectador se podía relacionar con esas formas expresivas dentro del canon. Su estrategia fue poner dos visiones históricas muy distantes en un mismo campo de desarrollo. El efecto de este tardío ensayo es de desorientación y rechazo, de una validación retroactiva. Hay tiempo, hay historia, pero no hay distancia.

Unos años mas tarde, Sergio Leone, desde Andalucía y con bajo presupuesto llevará finalmente el género a nuevas formas de expresividad y a su último rango, el de una extraña abstracción y barroquismo. Leone no vive la historia, la contempla, como señalaba Benjamín, por eso ve el tiempo y la distancia narrativa, la visión y desviación del círculo. Leone marca su eje en la lectura del viaje, lee mal la historia, pero esa es la clínica del arte de leer, son lecturas de perspectivas y espacios. ¿Desde donde quiere leone que se contemple su cine?, desde un círculo de fragmentos y yuxtaposiciones donde un asidero clásico introduce la distancia. El registro que hace Leone es su desviación. Borges nos lo dice; la certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Cierta arbitrariedad, cierta inclinación deliberada a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles. Con Sergio Leone desaparece el gran renovador del westerm y un gran cineasta. Las crónicas lo señalan como el director que era mundialmente conocido por ser el creador del spaghetti.western y descubridor del actor y director Clin Easwood, quien lo aprendió casi todo de el.
Mis recuerdos de Leone están asociados desde la infancia al gusto por los western y a cines de verano en la playa a fínales de los años sesenta. Entonces sus películas arrasaban en las taquillas como un subgénero, una parodia caricaturesca y ampulosa del western clásico. El tiempo, que a veces puede parecernos caprichoso, pero a la larga nunca se equivoca, pondrá a Leone en su justo lugar. Su última película sobre el género (Once Upon a Time in the West, 1968), que en castellano titularon –curiosa paradoja- (Hasta que llegó su hora), es sin duda una sinfonía donde se presentan todas las formas, espacios, tiempos y maestros del género, pero con la visión y desviación en el círculo de Reimens; llamaré a los supervivientes, volverá su juventud, envejecerán, otra vez el mundo que soñaron en sus manos, y les dejaré en el viaje errático, sin punto fijo.


Sevilla, Julio 1989
IFES






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