miércoles, 21 de julio de 2010

EL POETA EN LA PLAYA



Parece que la obra y el legado de Rafael Alberti no atraviesan buenos tiempos, en algunas cuestiones y matices se asemeja a lo que padecen Antonio Machado, Cernuda o Miguel Hernández, cada día que pasa más antirrepublicanos y a los que hay que denunciar o perdonar si algún día lo fueron. Reír para que no le salga a uno su mal carácter, porque, ¿qué decir, qué historia o critica ante personas que pugnan por poner el mundo al revés?.
Creo, si la memoria no me falla, que fue en agosto de 1989 cuando Rafael Alberti visitó por primera vez Chipiona, llegaba, entre otras cosas, para dar lectura de algunos de sus poemas, él mismo lo dijo en su saludo, disculpándose, pese a la cercanía a su Puerto natal, de haber pasado tantos años sin conocerla. El acto se celebró frente a la Capilla del Cristo de las Misericordias, donde quiere la leyenda que este imagen salvara al pueblo de la furia de las aguas debido al terremoto de Lisboa de 1755. El mismo pueblo que fue a escuhar al poeta aquella tarde de verano inolvidable, sintiendo su cercanía, sin el boato ceremonioso que suelen tener estos actos. Les dejo con el último poema que leyó en aquel ya lejano agosto.



Algunos se complacen en decirme:

Estas viejo, te duermes,

de pronto en cualquier parte.

Llevas raras camisas,

cabellos y chaquetas estentóreas.

Pero yo les respondo

como el viejo poeta Anacreonte

lo hubiera hecho hoy:

-Sí, sí, pero mis cientos de viajes por el aire,

mi presencia feliz, tenaz, arrebatada

delante de mi pueblo,

mi voz viva con eco

capaz de alzar al mar a cimas de oleaje,

y las bellas muchachas, y los valientes jóvenes

que me bailan en corro…Y siempre el sostenido, ciego amor,

más allá de la muerte…


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