viernes, 4 de junio de 2010

AQUELLA PROMESA DE VIDA DE TU CORAZON



Para Gisela


Estaba al lado de una blanca y luminosa reproducción de la Venus del Nilo. El año era 1976 y el lugar el patio de la escuela de Artes de Sevilla. Era morena y casi siempre estaba sola. Yo tenía 14 años y la veía muchas mañanas en aquel patio. En la clase de historia del arte ya había olvidado a Venus y solo pensaba en Gisela, aquella niña brasileña. Gisela era familia de Elis Regina, muy orgullosa me enseñaba sus fotos y cantaba sus canciones. No voy a hacer ahora una reseña a la obra de Elis, de gran influencia y fama, a la cual dediqué en su momento un amplio trabajo en el contexto de la extraordinaria música popular brasileña. Hace unos días un viejo amigo me confirmó el fallecimiento de Gisela, enseguida me vino a la memoria aquel hermoso dictado de Holderlin; "las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu, sino chocaran con el destino, esa vieja roca muda".


Junio 2010



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