lunes, 10 de mayo de 2010

EN EL FIN DE LA NOCHE




Por esas calles de Meudon, donde estuve hace muchos años, la sombra de Céline continuaba, era una sombra que aun podía acoger unas palabras de Victor Hugo; en literatura, el medio mas seguro para tener razón es estar muerto. De vuelta en Grenoble, paseando en compañía de mi amigo Jean Ancient, adquirí en una vieja librería un ejemplar de “Voyage au bout de la nuit”, contra la advertencia de mi amigo que no estaba dispuesto a ayudarme en mi débil francés con aquello. Esa misma noche perdí el libro, supongo que olvidado en algún lugar. Aunque a muchos les pueda sorprender, Céline es autor que parte de formas preliterarias, como la narración de leyendas, representa el espacio más extremo de una configuración lingüística que aparta la comunicación de contenidos dando preferencia a su misma ejecución. A mi me gusta estar siempre acompañado de las sombras amigas, y vuelvo a unas palabras de Flaubert “para describir un fuego llameante y un árbol en una llanura, permanezcamos ante ese fuego y ese árbol hasta que no se parezcan, no se nos parezcan, a ningún otro árbol y a ningún otro fuego”. Celine habría dado la razón a mi amigo Jean y a nuestro admirado A. Camus; si escribes claro tendrás lectores; si escribes oscuro tendrás comentaristas y discípulos.

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