martes, 13 de abril de 2010

LOS CANTES QUE NO VUELVEN


Fallecido en 2005, lo recordamos ahora en esta entrevista, firmada por Alfonso García y titulada “El postre más exquisito del mundo”.

Antonio Núñez Montoya "El Chocolate" (Jerez, Cádiz, 1930) lleva en su cante la esencia de las escuelas más clásicas del Flamenco, donde las verdades se exponían con toda crudeza y donde lo artificioso quedaba claramente al descubierto.Con tan sólo 9 años ya deambulaba por los locales de la Alameda de Hércules, en Sevilla, alternando con Mojama, El Gloria, Los Pavones, Vallejo, Caracol... Después de formar parte durante un tiempo del elenco del sevillano Casino de la Exposición, su trayectoria profesional viene marcada por su participación en innumerables festivales, así como en peñas, centros culturales y foros universitarios. Entre sus galardones se encuentran el Premio "Pastora Pavón" del Concurso de Arte Flamenco de Córdoba, el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamenco de Jerez de la frontera, el Giraldillo del Cante de la IV Bienal flamenca de Sevilla , el Taranto de Almería y el recientemente concedido Premio "Ondas" (octubre-2001), por su trayectoria en el Flamenco.Su eco es rancio y ancestral. Cuando canta, su figura y su voz empapa hasta lo más profundo de quien lo escucha.
¿Qué opinión le merece el Premio "Ondas" que le han concedido?
Estoy agradecido, tanto por mi persona, como por el Flamenco. Siempre que se dignifica este arte, me llena de orgullo y si además es al Flamenco que yo simbolizo, mejor que mejor. Y quiero que se entienda esto sin vanidad ninguna.
¿Cómo sientan los premios a esta edad?
Divinamente. Creo que cuando uno pasa de cierta edad todo se ve más sosegado. Cuando eres joven, puede que un premio haga más daño que beneficio. En el Flamenco hay que demostrar mucho para ser alguien y con 71 años pienso que ya he hecho méritos suficientes... y lo que me queda.
¿Qué recuerda de esa Sevilla de los años 30?
Mis principios artísticos y de conocimiento de la vida fueron en Sevilla, donde llegué con tan sólo seis años. Era sin duda muy diferente a la de ahora. Se vivía más en la calle; había más comunicación entre las personas y el Flamenco, sobre todo en Triana y La Alameda, ocupaba un lugar privilegiado en las tertulias de los bares: se comentaban las formas de cantar de los artistas más conocidos de esa época como Vallejo, Marchena, Canalejas, El Sevillano, Tomas, Pastora... y otros muchos; se exponían los gustos de cada uno y a veces de forma acalorada. También recuerdo que Triana y La Alameda marcaban sus diferencias: las gentes de Triana siempre han sido muy orgullosas y pocas veces venían a "Sevilla"; para escucharlos había que cruzar el río y también tenían a gala que nunca ponían la mano a los señoritos, aunque eso fue al principio, después todo cambió. La Alameda era otra cosa; los que venían de fuera siempre recalaban allí.
¿Siempre tuvo clara su vocación de cantar?
No. Al principio, me gustaba mucho el fútbol y llegué a practicarlo con ciertas dotes, pero con el Flamenco gané los primeros dineros y pronto empecé a olvidar lo de querer ser futbolista. Recuerdo que siendo muy niño todavía, me iba a la "Puerta la Carne" y allí cantaba algunos Fandangos y después pasaba la bandeja y cogía 5 ó 6 duritos que servían para vivir. Siempre hay algo que nos marca el destino y en mí fue lo primero que me proporcionó dinero.
¿Cómo eran los tan nombrados "cuartos de juergas"?
Había que buscar a un borracho con dinero y conseguir que te diera algo. La situación comenzaba cuando veías a un hombre bebiendo en la barra: te acercabas, te hacías el sociable y le cantabas algo para saber si le gustaba aquello; de ahí se pasaba al cuarto con alguna mujer que se unía a la fiesta y con 1000 pesetas se montaba una gran juerga. Era duro , pero también era más joven para aguantarlo. Ahora los artistas jóvenes lo tienen más fácil y se ahorran muchas fatigas. No sé si eso es bueno para el cante flamenco.
¿Quiénes fueron sus primeros maestros?
Empecé cantando Fandangos y cuando conseguía entrar en una fiesta, eso era lo único que podía hacer, por lo que estaba muy limitado y duraba poco en las reuniones; así que decidí aprender otros "palos" para poderme quedar y escuchar a Tomás, Arturo, Caracol, Vallejo... Me lo propuse y lo logré; de esta forma empecé a escucharlos a ellos, que eran unos verdaderos monstruos en este arte, y fijarme en sus maneras de decir los cantes. Ellos fueron mis maestros porque eran y son el abecedario del cante flamenco. Para mí, los Pavones han sido fundamentales en la historia de este arte. Como ellos vocalizaban, ligaban y remataban, no creo que se haya superado. Por supuesto que también me gustan otros.
¿Recuerda cuando debutó en un escenario?
La primera vez que pisé un escenario fue en Melilla, pero no cantando. Me explico: me contrataron para ir con una compañía por cuatro días, pero cuando crucé el "charco" me quedé afónico y cuando llegué no podía cantar; así que para poder cobrar, El Niño Azuaga decidió que participara como actor en un "pasillo comedia" que iba incluido en el espectáculo. Mi papel era el de un loco que aparecía gritando, recorría el escenario tirándome de los pelos y volvía a meterme para adentro. Ese fue mi debut.
A partir de aquí, he pisado todos los teatros de España y gran parte del extranjero. También he pasado por los tablaos; en El Corral de la Morería en Madrid, le cantaba sólo a mi cuñao Farruco, pero aquello no era lo mío y lo dejé pronto. Lo mejor del mundo es un teatro lleno y en el escenario solamente el guitarrista y tú; pero un tocaor que sepa darle el sitio al cante. Eso ahora no es fácil porque la mayoría suelen hacer diabluras con la guitarra y sólo consiguen molestar al cantaor; lo bonito es que entre los dos se mantenga una conversación musical. Para mí, el mejor de todos los tiempos ha sido Manolo de Huelva: era muy elegante tocando y las "llamadas" las hacía muy finamente. Con otros instrumentos no he cantado. Sólo necesito una buena guitarra y un ¡Ole! A tiempo.
¿Hay diferencia entre el gitano y el payo, a la hora de abordar el cante?
Igual que entre el negro y el blanco, es cuestión de ecos y matices; no es mejor ni peor, son diferentes formas de sentirse y manifestarse. Entrar en esta polémica es tan absurda como el de cante grande y cante chico: Está claro que hay cantes más fáciles de hacer que otros, pero la mayor o menor grandeza se la da el propio artista. Lo único claro en este arte, como en cualquier otro, es que se tiene que producir comunicación entre el que canta y quien le escucha; cuando esto se da es que ha aparecido el llamado "duende" y sobra todo lo demás.
¿Cómo ve el panorama actual del Flamenco?
Lo veo muy pesimista porque hay poca comunicación entre los artistas; antes nos escuchábamos unos a otros y se aprendía mucho. Ahora se habla mucho de evolución como algo novedoso, cuando el cante siempre ha estado evolucionando. Lo importante es tener base, haber escuchado a los clásicos y de ahí hacerte tu propia personalidad. El Flamenco autentico o puro nunca llegará a las masas, siempre será para gentes especiales que posean gran sensibilidad. Para escuchar buen cante hay que tener paciencia. El Flamenco de verdad es nuevo siempre, lo que hoy se llama moderno es antiguo mañanaAlfredo Kraus decía que muchas personas iban a la Ópera a ver, no a escuchar, y eso pasa también con El Flamenco: primero, sensibilidad y después, educar el oído.
¿Que echa de menos en los jóvenes flamencos de ahora?
Sentimiento flamenco. Hay que sentirse mucho para expresar y comunicar. Noto que se canta cuidando mucho la técnica pero vacíos por dentro y así se transmite poco.
¿Sería profesor de una escuela de cante?
Claro que sí. Buscaría las cualidades particulares de cada uno y le llevaría por el camino que mejor le conviniera; además le ofrecería mi experiencia para que sacaran conclusiones. Sería una forma bonita de transmitir los conocimientos acumulados.
Antiguamente existían las reuniones cabales donde aprendían los jóvenes, o bien las familias cantaoras. ¿Qué se puede hacer ahora?
Sería bueno que existieran "hogares flamencos" donde compartieran charlas y tertulias con los mayores; y por supuesto, escuchar mucho a los que de verdad saben de esto. La única alternativa de los que empiezan es empaparse de discos, y, después esto se nota cuando cantan, porque se repiten como loros.
Hábleme de este disco que acaba de grabar
Esta es una obra muy pensada. Lo he trabajado mucho con el propósito de que entusiasme tanto al aficionado como al profesional. Creo que estoy en la edad justa para dejar mi testimonio flamenco a futuras generaciones. Tengo mucha fe en este disco porque es puro y auténtico, como el cante que yo siento.
Después de haber pisado tantos escenarios, ¿dónde le queda por cantar que le haga ilusión?
Sería para mí un honor cantarle a los Reyes de España, en el Teatro Real. Aunque también me gustaría cantarles en una reunión con amigos y donde yo le ofrecería el postre más exquisito del mundo: un cante flamenco.
¿Qué le pedirá este año a los Reyes Magos?
Salud, para vivir. Fuerza, para cantar. Suerte, para caminar. Y, libertad, para decir.
¿Cómo le gustaría que le recordaran?
Como un hombre "honrao" y un artista que nunca traicionó su arte.



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