domingo, 27 de diciembre de 2009

LA REVUELTA


Queremos vivir bien y lo queremos ahora.
Cada barrio tiene sus preciosas virtudes. Esta parte de la ciudad que se extiende por todo el Casco Norte nos gusta. Un espacio hecho a ritmo lento, con calles caprichosas y casas con personalidad que hablan de su vecindario más que de su arquitectura. Pequeños comercios que nos abastecen de nuestras necesidades primarias, servicios públicos básicos, plazas abiertas donde es posible charlar, reír y pasear, oferta cultural, iniciativas sociales generosas. Y sobre todo, gente, gente variada.
Cada barrio tiene también sus carencias. La gente sólo hace el barrio que desea en una lucha constante contra los que ven la ciudad como una ocasión para sus negocios y para el ejercicio de su poder antes que como una promesa de bienestar y de convivencia en libertad.
Las personas mayores, aquellas que resistieron las décadas de degradación urbana y la posterior ola de especulación inmobiliaria manteniendo viva esta parte de la ciudad, subsisten con pensiones de miseria en viviendas inhóspitas y sin la necesaria asistencia pública y comunitaria.
La juventud está sumida en la precariedad laboral, comparte pisos bajo la permanente amenaza de desahucio, carece de dotaciones adecuadas para el desarrollo de su vitalidad y creatividad y cuando hace uso de su único recurso -las ganas de vivir los espacios públicos o abrir al uso comunitario espacios privados abandonados- padece el autoritarismo de quienes gobiernan y la persecución de quienes especulan y de sus voceros.
Los niños y las niñas requieren espacios propios que garanticen el disfrute y el aprendizaje. Tienen derecho a hacer uso de espacios públicos y de la calle sin temer atropellos de vehículos motorizados. Necesitan espacios amplios alejados del tráfico, con equipamientos. Espacios en los que puedan probar su imaginación, desarrollando juegos y experimentando la interacción social.
Un componente de población extranjera y de otros puntos del país ha venido a sumarse en la última década a la población del barrio, aportando riqueza cultural y diversidad. Una buena parte de esa población comparte la precariedad en el trabajo y en la vivienda con la población trabajadora local, en una situación más vulnerable aún por su particular condición.
Muchas personas que se consideran de clase media porque habían conseguido un cierto grado de estabilidad económica observan con preocupación que la crisis se lleva por delante la seguridad que creían conquistada. Cuando no es el despido, chocan con unos salarios insuficientes ante tanto gasto preciso para sobrevivir: altos alquileres o hipotecas, bienes de primera necesidad en constante aumento, estafa en las tarifas eléctricas…
Otras, personas dedicadas al pequeño comercio y la artesanía que sostienen la actividad económica de la zona, se resienten de la asfixia económica de sus clientes y se ven abocados al cierre.
Además existe una población de personas sin hogar muy heterogénea, gente sin medios básicos que ha encontrado un lugar para subsistir en el barrio debido al carácter comprensivo y humanitario del vecindario, pero que necesita urgentemente de una intervención social permanente y continuada, comprensiva de su realidad y no casi exclusivamente represiva.
Todas y todos padecemos la insuficiencia y la paulatina degradación de los servicios públicos (educación, sanidad, limpieza, transportes…) precisamente cuando más los necesitamos y seguimos soportando el deterioro del patrimonio arquitectónico y un tráfico caótico que dificulta a cada paso la movilidad.
Este es un barrio vivo, formado por gentes que mantienen fuertes vínculos sociales y que han sabido crear un rico tejido asociativo, del cual esta asociación se considera deudora y con el que quiere colaborar a través del respeto, la autonomía y el apoyo mutuo.
El barrio cuenta con suficientes recursos humanos y materiales, sobrada inventiva y probada energía como para no resignarnos a malvivir. Hay otra vida que a diario imaginamos compuesta de un consumo suficiente y equilibrado, unos servicios públicos sólidos y eficientes para las necesidades comunes, un alojamiento digno y estable a la altura de la grandeza de nuestra intimidad, espacios sociales que se agiten con nuestra vitalidad creadora, calles y plazas tan frescas y cómodas como hermosas, donde libremente poner en común lo mejor de cada cual.
Quienes vivimos este barrio necesitamos unir fuerzas para cambiarlo. En el entorno del Casco Norte de Sevilla existen iniciativas de corte asociativo y movimientos sociales que trabajan cuestiones de ecología, de educación en valores, de enseñanza… Combaten la marginación social y la precariedad y alientan a sus víctimas o reaccionan contra los abusos de los caseros y las caseras.
Emprenden proyectos de consumo, ocio o cultura que compaginan la obtención de su sustento con el servicio al vecindario. Construyen día a día espacios de sociabilidad en las plazas y los centros sociales cuyo libre uso defienden con celo. Al mismo tiempo existe un sustrato social en la zona que participa en mayor o menor medida en las iniciativas del tejido asociativo existente y que se ha movilizado en múltiples ocasiones. Podemos concertar y agrandar toda esa energía, respetando su propia autonomía, en una asociación que dé voz, fuerza y presencia a las demandas vecinales y facilite su satisfacción. Las asociaciones vecinales tienen un considerable legado de lucha social en este país a pesar de que en el periodo actual hayan podido entrar en decadencia. Queremos reivindicar ese legado porque sirvió y sirve para mejorar las condiciones de vida en tiempos difíciles.
Una asociación vecinal por la vida buena debería tener los siguientes objetivos:
1. Promover un barrio coherente con un modelo de ciudad sostenible por y para todas las personas que habitan este espacio, defendiendo una convivencia pacífica, solidaria, multicultural e igualitaria.
2. Defender los bienes colectivos del barrio, tanto su patrimonio arquitectónico o etnológico como sus dotaciones, sus servicios y sus espacios públicos, evitando los estragos de la especulación inmobiliaria, sea ésta propiciada por agentes públicos o privados.
3. Fomentar la vida pública y la creación de comunidad, lo que implica trabajar los espacios de encuentro y el carácter colectivo del barrio. Pelear el derecho a construir ciudad desde abajo, desde los ciudadanos y las ciudadanas a través de la construcción de espacios sociales, huertos colectivos…
4. Promover la sostenibilidad del barrio y la ciudad, impulsando y apoyando cambios en las formas de vida que reduzcan las necesidades de energía y materiales, reduciendo así el despilfarro sin reducir el bienestar de las personas e intentando reducir todo tipo de contaminación, incluida la acústica. Promover los valores ecológicos y de respeto al medio ambiente y la liberación del barrio de infraestructuras contaminantes tales como antenas de telefonía móvil o centros de acumulación eléctrica junto a las viviendas.
5. Luchar activamente por la redefinición de los roles de género y de las relaciones entre hombres y mujeres sobre la base de la autonomía y el respeto mutuo, dentro y fuera de la asociación. Luchar también contra la homofobia y en pro de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.
6. Procurar un tratamiento del espacio público que lo oriente a ser un espacio vivo y heterogéneo, un espacio de convivencia donde los usos se compatibilicen mediante el acuerdo y la negociación. Esto implicaría defender su adecuación con bancos, fuentes, arbolado y equipamientos, así como impedir el cerramiento de estos espacios públicos, la multiplicación de cámaras de seguridad, y las dinámicas tendentes a convertir el barrio en un escaparate y un espacio de consumo.
7. Garantizar el tranquilo disfrute del viario público, potenciando el uso de la bicicleta y el transporte público y no contaminante, así como la disminución del uso del transporte motorizado privado. Garantizar también el respeto de las zonas peatonales y la mejora de la accesibilidad universal.
8. Exigir la prestación de un adecuado servicio de limpieza pública y la instalación de equipamientos básicos como papeleras y contenedores de reciclaje.
9. Defender los sistemas públicos de sanidad, educación y pensiones, promover la mejora de su funcionamiento y la extensión de estas conquistas sociales al reconocimiento de otros derechos como la atención a personas de deficiente autonomía.
10. Mejorar los equipamientos públicos sanitarios, culturales, educacionales, deportivos, etc, con especial urgencia en incrementar la red de centros educativos públicos.
11. Exigir a las administraciones la intervención social, continua y permanente, con las personas sin hogar que habitan en el barrio, demandando servicios sociales que dignifiquen sus condiciones de vida y favorezcan la convivencia vecinal.
12. Demandar un tratamiento social de la vivienda, exigiendo una mayor intervención de la administración pública que defienda el derecho a la ciudad de todas las personas independientemente de su nivel de renta, mediante la garantía de un servicio público y universal de vivienda en alquiler. Trabajar por un centro histórico heterogéneo y de todas las personas, defendiendo la permanencia de vecinos, vecinas y usos tradicionales.
13. Dinamizar el barrio como un espacio vivo de cultura y ocio, apoyando las iniciativas que se dirijan en este sentido.
14. Fortalecer el tejido económico representado por las pequeñas iniciativas artesanales, comerciales, culturales y de servicio a la comunidad. Demandar la prestación pública de una renta básica suficiente para mayores de edad y la equiparación de las pensiones más bajas con el salario mínimo interprofesional.
15. Potenciar circuitos de elaboración y distribución más justos, que faciliten un consumo más sano y barato de los productos destinados a atender necesidades básicas y de los suministros de agua y energía eléctrica.
16. Y trabajar, también, por la defensa y promoción de derechos humanos, fundamentales para poder disfrutar de un barrio, una ciudad y una vida mejor; de una buena vida.
Hay un sucedáneo de la vida que se llama subsistencia: un juego áspero, frustrante, azaroso, tramposo y deslucido. Los grupos dominantes pretenden continuamente contentarnos con la mercancía de segunda. Para quienes no nos resignamos al cambiazo, el disfrute de una vida digna no es un sueño para el futuro sino una exigencia para el presente. Hay una vida buena que no queda lejos: está al alcance de nuestras ganas, nuestra inteligencia y nuestra colaboración.
Sevilla, junio de 2009.


http://larevuelta.org/

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