miércoles, 30 de diciembre de 2009

LA CONTRA DE GENERO Y LOS HOMBRES QUE PERDIERON EL CONTROL DEL MANDO A DISTANCIA

Por Francisco Garrido


La revolución feminista es la más importante revolución social, y la más exitosa, que ha conocido la especie humana. En muy poco tiempo, al menos en occidente, más de la mitad de la población ha pasado de ser consideradas “parias de género”, algo menos que esclavas, a la ciudadanía social y política. Un cambio tan radical en la distribución del poder político que no está solo en el Estado sino también en la familia y la alcoba, (tenía por fuerza que provocar reacciones en aquellos que se ven afectados negativamente). El poder político es siempre un juego de suma cero. Así ha nacido un movimiento de oposición contra esta revolución, una contra de género que se opone a la consolidación de los derechos de la mujer y a un mayor avance hacia la igualdad. (sin descartar la posibilidad de una involución, si la correlación de fuerza se lo permite).
La “contra de género” no niega frontalmente el “principio de igualdad entre los géneros”; al igual que hoy los que más contaminan hablan de sostenibilidad; los que maltratan a los animales dicen ser los que más los aman; o los que proponen el despido libre afirman que lo hacen para crear más empleo y riqueza que repartir. El triunfo ideológico de los ideales emancipatorios de la revolución francesa y norteamericana es tan abrumador que hasta sus enemigos tienen que disfrazarse de revolucionarios. Pero lo cierto es que esta “contra de género” dispara sobre todos los flancos que considera “débiles” y al mismo tiempo importantes, del movimiento feminista. Se oponen al divorcio, a los matrimonios homosexuales, al aborto, a la discriminación positiva, a las leyes contra la violencia de género, etc. De esta contra de género forman parte la iglesia católica, gran parte del islam , otras religiones, la derecha conservadora, la extrema derecha xenófoba y en general una porción importante de la base social conservadora. Tiene sus órganos de expresión en el ABC, La Razón, El Mundo, la COPE , Intereconomia, Libertad Digital y otros muchos medios. Cuenta también con ideólogos tan distinguidos como Rouco, Cañizares, Cesar Vidal., Rosa Diez y algunos otros ilustres intelectuales especializados en la disciplina de la mentira y la difamación. Cuenta, como no, con un brazo armando que maltrata, amenaza y asesina a miles de mujeres.
Lo interesante científica y políticamente de esta “contra de género” no reside en su filibusterismo ideológico, o en la falsedad manifiesta de sus mensajes o en la brutalidad de su violencia. Si no en el hecho de que su movilización y organización se ejercen a través de la administración perversa de las “heridas narcisistas” de muchos hombres damnificados por un reparto de poder político más justo. Son los “hombres que perdieron el control del mando a distancia” (por recoger el ejemplo luminoso que usa el juez Serrano).
¿Quienes son estos hombres? Son las víctimas más débiles de la derrota del patriarcado, del descentramiento del hombre en el mundo, de la pérdida del control total dentro de su reino más querido: la intimidad del hogar, la realización de su subjetividad por medio de la dominación sobre mujer e hijos, en fin, la “sagrada familia” de la que hablara Engels (el termino familia proviene del latín “famulus” que significa esclavo). La pérdida de este poder íntimo no es equivalente a la pérdida del puesto de trabajo, del dinero, o del prestigio social; para ellos es mucho más, es la pérdida de una masculinidad que no se reconoce en otro espacio de goce y realización que no sea la dominación de género. Por eso muchos al matar se matan. El asesinato es para ellos una forma de suicido ampliado (la “otra” es tan suya que no puede vivir si él no vive).
Hasta ahora estos hombres vagaban como sombras melancólicas lamentando “la pérdida del control del mando a distancia” .Es decir, de su poder en la familia concebida como agrupación amorosa de famulus. Pues bien, la “contra de género”, los está organizando como activistas neoconservadores. Les ha otorgado todo lo necesario para la movilización social: ideología, órganos de expresión, causa comunes verosímiles, portavoces (el juez Serrano, por ejemplo). De esta forma han pasado de ser une ejército de fantasmas a convertirse en activistas sociales contra el feminismo, las mujeres y la igualdad. Los clérigos el uso del “poder pastoral” del que hablara Foucault: usa su dolor, su castración simbólica, su desconcierto para que defiendan aquel modelo de sociedad patriarcal de cuya derrota ellos son las víctimas más débiles.
Publicado en Paralelo 36
VEANSE ARTICULOS RELACIONADOS

No hay comentarios:

Blogger templates