lunes, 1 de junio de 2009

WALTER BENJAMIN EN LA HUIDA


Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las célebres. La construcción histórica esta consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”.
Walter Benjamín murió por propia mano en Portbou en 1940, su destino tenía las máscaras de un delirio lleno de nociones metafóricas. No pasó por la universidad y vivió de las rentas familiares hasta que estas se agotaron, después, problemas económicos como traductor y periodista. Fue un escritor extraordinario y fundamental, no ha habido una reinvención de la crítica en torno a su legado. En el relato de su obra se enmascara la voz fría y apasionada de Nietszche y Baudelaire, la pasión de las citas. Su escritura, sin falsos refugios, es una huida con un movimiento infinito, una confesión extraña, su pensamiento fragmentario y asistemático, de sorprenderse y vigilarse, se quiere bajo la sombra de sus admirados maestros Hegel, Marx y Freud. Benjamín nos llevará a la trama de las contradicciones de la cultura burguesa, nos iluminará el libro como presentación y representación, con una extraña paciencia de mediador del lenguaje. Adorno le volverá siempre al problema de la verdad en la obra de arte. Es un escritor de regreso a las frases, el último cronista de Europa, lo han llamado, pero realmente era un escritor contra la masa de las cosas dichas. En su última huida ya era un hombre que anunciaba su paso; los tiempos sombríos que no nos dejaron terminar los pasajes de París.

LA HUIDA


La herida oscura del libro vacío, vida y muerte en la arena, imborrable semejanza con la noche. Mis pasos son sombras, fragmentos de un espejo en la caída. Se despliega la memoria hacia el sentido más alto; no hay refugio contra el tiempo de una mirada.



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