viernes, 19 de junio de 2009

POEMAS INEDITOS DE EFI CUBERO




SINAGOGE

Este poema está dedicado a mi amigo Luís Spencer; por su verso, por su sabia mirada llena de transparencia y hondura.



Como una lenta sed.
Como un lento callar
honda liturgia;
con el solo soporte
de la mirada
de lo imaginado,
en la penumbra
de las sinrazones
encadenas condenas.
Tras la blanca pantalla
la señal imprecisa
que la voz atraviesa
y esa palabra que soñó ser verso
ser madura y versada
en los tiempos del verbo
y en las pautas
de los sabios silencios
territorios que ignoran
pese al tiempo
pese a la vastedad
tan prolongada
qué proponen los sueños…

Soberanos.

Tras el claro rectángulo
de los amaneceres,
largo – tan corto- el día,
sólo aguarda, – desnuda
como en un nacimiento -,
la noche interrogante.




CAMINANTES




Prendidos de las motas que la luz disemina
han pisado la tierra
caminantes…
La arena en la mañana calurosa de Junio
se ha enredado en los ojos.
Y es el viento
el que arrecia
sobre la incertidumbre
entre mudos papeles
anunciando descargas
Mientras vacila el tiempo
en callados mensajes,
la brecha de las nubes
transita por las hojas,
por los ojos,
donde persiguen sueños
sobre huellas borradas.
Pensamientos
-que no presentimientos-
Sentimientos que
guardan, o que aguardan,
que temen,
frágiles como son,
vacilaciones;
azarosos olvidos…
Gris el cielo de pronto
pone vahos al silencio
empaña transparencias
sobre nuestra mirada.
Todo pende de un hilo
Y el silencio lo sabe,
la barrera es silencio
como niebla,
lluvia que descargase
sobre el sol de los días
su canción de frescura
desnudez e intemperie.

Buscas el hacia afuera
en la epidermis;
y en superficies, yo, profundidades.

Ahí radica el eterno del común desencuentro.
Ahí radica el combate,
sin designios ni metas
aunque polos opuestos se aproximen al cabo
y el rigor de lo incierto se resuma en palabras.



POLEO



Abrázame en tu luz de enredadera
bajo el malva del cielo,
en la olorosa claridad del tiempo
sobre el verde pasión
de la esperanza
efímera y fugaz como la vida,
tan dolorosamente sensitiva,
que debe ser gozada
puede ser transitada
sin maleza que asfixie
sin boscajes que opaquen
transparencias.
Por los renglones amplios
donde la tierra extiende
tanto ritmo secreto,
sentir ese rocío de la sombra
bajo el árbol sagrado
con ramas como brazos
que cobijan los sueños
que destilan su savia
en la escritura
de lo no dicho al fin,
de los silencios.


















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