martes, 9 de junio de 2009

EXPIACION






Es difícil dirigir la mirada hacia la memoria, la memoria íntegra, aquella formada por los relatos de la pasión y el afecto. Por amor a los recuerdos y a vuestra generosa compañía seguidme a una hermosa ciudad y barrio perdido; en ese espacio y lenguaje en el que nos sentimos enteramente comprometidos, cuando expiación y memoria son lo mismo. El lenguaje de la literatura quiere tener la fuerza de un habla impersonal y también escuchar la voz intima; repetirnos en varias lenguas nuestras visiones y experiencias.
Cuando recorro este norte de mi ciudad donde nací, este norte del cante, como han llamado ahora a mi Alameda, se suceden las historias; los corrales, las casas, los patios, algunos, como diría Ange, tristemente bien decorados, otros desaparecidos. No tiene que comenzar la memoria ni la literatura con un derrumbe, tiene que comenzar con esa parte del lenguaje que es el silencio, hay que sacar la memoria del silencio y de uno mismo. Por eso, con pasión y afecto yo agradezco a los míos su memoria íntegra, que decimos cultura, pero que sería mejor decir naturaleza. La memoria y la creación aun pertenecen a la vieja teología, con un poder de surgimiento y despliegue sin iguales. Por amor a los recuerdos, a los relatos de pasión y afecto y a vuestra generosa compañía seguidme a una hermosa ciudad y barrio perdido en tiempos difíciles, al norte del cante, a los sombrosos jazmines que están en los muros de un corralón, a aquella ciudad de José Cortés.


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