lunes, 13 de abril de 2009

EL FARO DE CHIPIONA

Punta del Perro. 1966


De niño, en las noches de invierno, esperaba que su luz llegara a mi azotea, si llegaban las mareas por el rio, podría llegar la luz de este faro sevillano, de este pueblo gaditano y sevillano. Ahora estoy en su antecámara, tan solo una escalera estrecha y metálica me separa de alcanzar el gran aparato óptico que Henry Lepaute hizo en Paris en 1854, para dar aun mas fuerza a esta torre, a este faro poderoso que Eduardo Saavedra diseñó, me volveré a acodar en su baranda para otear este Atlántico tan mío. Desde esta Punta del Perro recordaré a mi abuelo que regresa de La Guinea, a mi tío balizando hasta Salmedina. Recordaré toda aquella arquitectura popular que el turismo masivo se llevó por delante, los nombres hermosos de las Villas que la burguesía abandonó; Rosario, Carmen, Isabel, las dunas trepando por la cal de sus muros y las sombrosas bodegas del verano. Una Chipiona fuera del mapa y del calendario que viví. Como el tiempo y la luz, se me deshace su piedra ostionera, también estas palabras que les dejo en el recuerdo de una niña, hija de aquella claridad;

Húmeda sombra y aire salado, el rincón y el azulejo, cerca la gloria de la luz sobre el azul de estas aguas maternas. Pisan tus pies desnudos los viejos patios, teje la penumbra entre la parra. Pasada la claridad de las arenas, realzan los oscuros cuerpos la raíz de la luz. Con tus pasos llegan todas las cosas, alba y sol poniente, muchas han muerto, pero no lo sabemos, con nosotros siguen en este verano del sesenta y siete, frente al Atlántico, en un pasaje del viento hacia el mar.


La travesía del fulgor.
1998

Thomas. 1910

Hacia 1920

Hacia 1970

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