martes, 31 de marzo de 2009

HISTORIA DE LOS LIBROS. V


Quien piensa lo mas hondo,
ama lo mas vivo.

Holderlin.



Esta edición de la Biblia, de la cual no conservo ni la cubierta ni la portada -la perdieron las manos infantiles-, perteneció a mi tío José Cortés. Posiblemente sea de Shult de principios del siglo XX, ella acompañó mis juegos y mis sueños, también la historia de un barrio y una vida. Después, el tiempo y mi deambular por librerías de viejo harían caer en mis manos numerosas biblias, valiosas unas, otras mas humildes, casi todas fruto del expolio de fervorosos católicos en conventos e iglesias, pero es esta la que guardo con mayor y mejor agrado, en ella alguien subrayó estas palabras de Isaias;

Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; Yahveh me ha abierto el oído, y yo no me resistí ni me hice atrás.

Cada vez que la abro y mis ojos la recorren vuelve José Cortés con sus gitanos del bar de Pepe Pinto, del cante grande de la madrugada sevillana. Viene por esta Alameda de exilio, la que soñó José Díaz en Tiflis antes de arrojarse, en la que jugó con Antonio y Manolo Caracol. Aun mi abuela lo espera en su azotea, los nudillos golpeando la mesa; unas bulerías para mi Rosarillo.

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