domingo, 1 de marzo de 2009

DOS MIRADAS SOBRE SEVILLA DE EFI CUBERO



UN SABOR A NARANJAS


Te deslumbra este cielo
decidido en matices,
disperso de colores
cambiantes como el río
que resbala en tus ojos
igual que las canicas
de cristal de tu hermano,
en la lejana infancia…

El agua parte en dos los sentimientos.
El agua, como el cielo,
presente de la tarde
que baila en la mirada
expresando el por qué de la alegría.

Una ciudad de pájaros,
-tan antigua, tan nueva-
te acompaña.
Un sabor a naranjas escoltando las calles.
La fruta resplandece,
no la puedes probar
y tú lo sabes:
La mirada lo sabe.

La pulpa va cayendo
para dar paso al sueño de azahar,
ese dormido aroma
que siempre se despierta
en primavera.

Y aunque la luz se oculte en el abrigo
que cobija del frío
y la noche te llene
-quizás- de incertidumbre;
te queda en el bolsillo,
esa esfera irisada de ilusión fugitiva…



PARAÍSOS PERDIDOS, RECOBRADOS PARAÍSOS

En el cuerpo gastado de la ciudad la luz brota de pronto como recién nacida. Sevilla se ha vestido con la luz de Roelas; de homenaje a Roelas, y hay una división de tierra y cielo en una realidad naturalista, barroca y diestra, y cálida y ligera, gozosa de matices como fue su pintura y hay una apoteosis de formas y colores dentro del Bellas Artes, un dúctil movimiento por los íntimos patios brillantes de azulejos, frescos de agua y silencio, con fuego de naranjas brillando entre las copas. Apetecible fruta que no puede probarse. Toda belleza tiene un toque amargo, agridulce, evasivo, inabarcable. Las voces se adelgazan en las salas inmensas, la mirada se llena también de Zurbaranes y Murillos y de las tallas íntimas que conocieron, fuera de la frialdad de las inmensas salas del Museo, el fervor de los rezos y el temblor de las velas. Imágenes barrocas que la Desamortización de Mendizábal arrancó de hornacinas y retablos, y están allí, como con desamparo; con nostalgias de incienso y letanías sobre el soporte erguido del pedestal sin alma. Contemplamos el cielo de las bóvedas, hacia donde se elevan dulces Inmaculadas y angelotes ingenuos del maestro sevillano; blancos monjes frente a manteles blancos, pliegues blancos y castos sobre la piel desnuda de los Cristos del de Fuente de Cantos, y luego más y más espacios de otras carnalidades menos santas y austeras, y Bécquer que me sigue – como en la adolescencia- con sus ojos profundos, con su pálido gesto introvertido como lo retratara Valeriano, su más fiel compañero, su hermano inseparable hasta en la muerte…Sevilla guarda siempre lo que amo: palabras crepitando en el sosiego y en los desasosiegos; palabras de Poeta, versos que me estremecen, pinceladas que atrapan lo más hondo de mí…Siempre Sevilla; la ciudad que seduce y enajena. Condescendiente el río subraya el equilibrio de la luz. Cada plano se ajusta a la mirada; a la contemplación. Una ciudad de pájaros que alerta los sentidos, de rama a rama, de balcón a balcón, las alas zigzaguean, los sonidos se escuchan nítidos sobre el aire; unos trinos metálicos anuncian al viandante paso libre; el semáforo cuenta los segundos y hay que cruzar deprisa. Volverse filiforme en aceras exiguas y mirar de perfil la arquitectura con la mirada presta sobre los automóviles, la calzada imposible y peligrosa por el riesgo que entraña el distraerse en lugares tan únicos, donde la vista reclama su porción de belleza. Una no se acostumbra al paso del tranvía, ni al cielo contemplado entre las catenarias, todo tiene su contra y su por qué y el progreso avasalla esos espacios que poseen otro ritmo, la secreta armonía de un silencio sonoro de pisadas sin prisas, pausa para el amor en la ciudad que sabe, sólo con dibujar la luna llena sobre las azoteas, prenderte de sus tópicos veraces y embriagarte con algo fugitivo, como el “Rayo de luna” que persiguió sin éxito, su atormentado huésped de las nieblas. Por la Calle del Aire, al aire de los sueños cernudianos, me persiguen también – Donde habita el olvido- realidad y deseo, y un poco más allá entre las rejas del Palacio de Dueñas, un patio de Sevilla donde madura el limonero, me conduce al mayor de los Machado, Triana se ha prendido de los pasos de otro amigo poeta, muy querido, la palabra sonora de Antonio García Barbeito llena de fuerza y luz ambas orillas y hay un encuentro breve con el arte vital- pasión y danza- de los tacones de Cristina Hoyos, en las calles sin tiempo del dédalo trianero.
Pero esta vez, aunque, como siempre, nos demoremos en las plazas recónditas y en las viejas tabernas, de la Capital Hispalense, pendientes de su acento y su seseo, vengo con otro vértigo, otra vorágine y otro movimiento. El arte de “El libro y sus lecturas .Azul” se da cita en una galería, la de concha Pedrosa, y yo, junto con el pintor Paco Mora, estoy también presente en esta exposición contemporáneamente plural, tan diversa en propuestas, tan alta en calidades, que el magisterio de Jim Lorena como comisaria de la misma, y la visión artística y el rigor de lo bien hecho de Antonio Damián, han hecho posible. Un éxito de convocatoria. Un éxito de público, y la satisfacción de lo que vale verdaderamente, sin gangas ni retóricas, nos llena de una íntima y serena alegría.
El tiempo – Ay, el tiempo- se agota, y una quiere sentir y pasear y perderse en los laberintos de esta ciudad de sueños. Y no es posible. He reservado para el final otro estilo de arte, el escultórico, casi ciencia ficción, en La Cartuja, frente al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo que impone Matthew Ritchie.
Atravesando el puente buscamos esta pieza del artista londinense llamada The Morning Line, (Si los lectores de Revistart desean conocer amplios detalles del artista y la pieza, no se verán defraudados, el autor ha hablado por activa y pasiva y hay bastante información al respecto en diferentes páginas) Yo me limito a verla y no enjuiciarla, y la fotografío mientras pienso que es excesivo todo el aluvión de palabras y explicaciones generados en torno a ella. Cierto que ahora la contemplo exenta, aquí, frente al sol que arranca a esta “estructura mutable con múltiples expresiones y narrativas” de “formas tetraédricas que se repiten y entrelazan” distintas perspectivas. La veo como una obra de impecable ejecución. Precisa y vigorosa en el dibujo, y dotada también de un virtuosismo técnico que resulta dinámico y atractivo frente a este emplazamiento que le han asignado. Pero sin que me arrebate en exceso la impecable puesta en escena ni me deje en suspenso o enajenada…Pienso en ese Paraíso Perdido de Milton, en el que al parecer el artista se inspira, y decido que ¡Qué hermoso paraíso recobrado resulta esta ciudad de Sevilla tan llena de contrastes y de sueños!.
Efi Cubero ha reunido 25 años de trabajo poético en su antología, Estados sucesivos.

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