lunes, 5 de enero de 2009

ENRIQUE SPENCER



A todos los sevillistas, que, de una forma u otra, me han pedido estas palabras



En Marzo 1926, en una casa de la calle Harinas hay un niño de diez años que contempla absorto y triste una impresionante manifestación de duelo, el futbolista del Sevilla, Enrique Spencer, acaba de fallecer.
Todo el fútbol español queda impresionado por la noticia, sus compañeros del club lo lloran, Ricardo Zamora y José Samitiers, sus rivales, muestran su pesadumbre y respeto, no cesan de llegar gente y coronas de flores. Un balonazo y varias operaciones han provocado el fatal desenlace.
Ese niño acaba de perder a su ídolo, pero también parte de su sangre, la mano que le llevaba a los campos de juego. Ese niño, que ya es memoria e historia del Sevilla, era mi Padre.Y su mano es la que siempre coge la mía mientras se levanta el cuero sobre los campos de la Macarena o sobre el cielo del barrio de Nervión a finales de los sesenta, en noche cerrada, lluviosa y tormentosa y el resplandor y el sonido del Estadio siguen impresionado al niño, ¿Cuánto dura un partido en los ojos de un niño?.
En otra ocasión has escrito; los rostros de los míos en un campo de fútbol, donde estaremos juntos siempre. Esa memoria que siempre tiene en la lápida de mi Padre unas rosas rojas y blancas y un escudo.

En Sevilla y la Gloria. II., 2007


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