martes, 16 de diciembre de 2008

RECUERDO DE EDITH STEIN

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Dice la Martir;

Cuando los oscuros días de diciembre son iluminados por la luz suave de las velas del Adviento –una luz misteriosa en una oscuridad llena de misterio-, entonces se despierta en nosotros el pensamiento de que la luz divina, el Espíritu Santo, nunca dejó de alumbrar en las tinieblas al mundo caído.

Dice el Testigo;

“Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?”

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