miércoles, 5 de noviembre de 2008

THOMAS MANN


El alejamiento del mundo y las señales apocalípticas transitan por la obra de Thomas Mann en extrañas inversiones. En la raíz de su discurso está el resquebrajamiento de la sociedad burguesa; su trayectoria es una liberación de su misma literatura para literatos, la lucha con los fantasmas personales y de la época que muestren la condición desnuda del hombre. Bajo las sombras de la Biblia, de Nietzsche y de Goethe, olvidará la vieja ironía hacia el camino de la obra total, un testimonio de soledad y de angustia. En sus mejores obras hay un deseo descarnado y extremo de autenticidad, todo lo que le rodea está en función del drama personal, pasión entre vida y arte. Desde la montaña mágica, también nos manifiesta que el hombre no solo está hecho de muerte, sino de esperanza y de comunión.

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