jueves, 13 de noviembre de 2008

DE RIOS QUE SE VAN

Juan Ramón Jiménez ante la tumba de Zenobia

Estas últimas poesías de Juan Ramón Jiménez son también una última idea desgarradora de ofrenda; la del dominio de si mismo y de su obra. Frente a la tumba de Zenobia, quizás ya escribe como hablaba su madre. Fidelidad a un mundo en todos los sentidos, en el uso de símbolos e imágenes y de sutiles y precisas metáforas, en su radical política de vocablos, en las cumbres y las depresiones del acontecimiento de un destino irreductible.






MIRANDOLE LAS MANOS


En la sombra o la luz, el fondo poco visto (ese oscuro dorado, esa claridad fría) estas manos humanas que trabajan, mano derecha que lo emprende todo, izquierda mano que la asiste comprendiéndola, y da el toque menudo que completa, son para el que contempla su destino propio (y el otro que es el otro y mas que suyo), la clave mas segura descifrada.
Manos trabajadoras que obedecen al instinto, y a la inteligencia, libres de una conciencia persuasiva que las ve y que ellas, las cerradas, no ven nunca, pero que son de ella como hijas de un Dios y parte activa (Y a veces, ¡cuantas veces!, que obedecen más pasivas, al pensamiento, al sentimiento ajenos, haciendo con su imajen, pérdida ya de vista, lo imposible)
Amigo, mira siempre las manos que trabajan. Y ahora ve estas manos femeninas, que también conoces, la derecha ayudada por la izquierda (tan pequeñas, todas alma y acero); mira la mano sensitiva, la mano pensativa. ¡Cómo se tienen y destinen, cómo se envuelven y vuelven, cómo acarician, cómo alzan, cómo atacan tan valerosas, tan suaves!. Míralas con un libro luego, acompañando en paz, debajo, pero tan bien dispuestas, la escritura.
(Una mano derecha que yo aprieto, una izquierda que beso.). Piensa, amigo…!Las manos muertas, descansadas ya pero no manos, con su historia también debajo, como pecho frío!. Y qué historia (y qué leyenda quizás luego) lo quieto de unas manos; un día, de estas manos.


J.R.J. De ríos que se van

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