lunes, 6 de octubre de 2008

CITA CON VICENTE NUÑEZ




Al hablar de la vida y obra de Vicente Núñez recuerdo siempre aquellas palabras de su admirado Holderlin sobre el espacio infinito del ritmo. Quizás hubo un momento en el que ya no quiso o no pudo ser mas que un poeta, ahí empezó su auténtica ruptura personal y literaria, la integración de su discurso en la comunidad con las mascaras viejas del artista, fruto de su autoconciencia. Volver al origen, hacer pasar al artista como un gran predistigitador misterioso, pero convencer también con la estructura y la técnica de sus efectos, y todo al servicio de lo mejor del arte; crear algo ejemplar sin producirlo meramente por reglas. Tenía una sabia liturgia vieja y parodiada, el respeto a la suntuosidad del arte y las ceremonias de la consagración. Vicente Núñez era demasiado consciente de su filosofía creativa y de su obra, fue fiel a su maestro Rilke en la advertencia a los jóvenes escritores sobre un arte sin verdad.

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